El resultado electoral dejó un mensaje inequívoco: Colombia quiere recuperar la confianza, el crecimiento y la seguridad energética. Esa expectativa recae ahora sobre el presidente electo, Abelardo De La Espriella, quien tendrá en el sector minero - energético uno de los principales escenarios para demostrar que el cambio de rumbo prometido puede traducirse rápidamente en resultados.
Los primeros cien días de un gobierno suelen definir el tono de un mandato. En materia energética, hay tres desafíos que exigirán decisiones inmediatas y liderazgo: prepararse para el próximo fenómeno de El Niño, resolver la crisis de Air-e y definir una hoja de ruta responsable sobre el desarrollo de los yacimientos no convencionales mediante fracking.
El primero es quizá el más urgente. Los pronósticos de distintos centros meteorológicos internacionales advierten que un nuevo episodio de El Niño podría presentarse los próximos meses. Colombia ya conoce las consecuencias de enfrentar estos fenómenos sin suficiente planeación: menor disponibilidad hídrica, presión sobre la generación eléctrica, mayores costos para los usuarios y riesgos para la confiabilidad del sistema. La respuesta no puede ser improvisada. Será indispensable acelerar el mantenimiento de la infraestructura, garantizar combustibles para la generación térmica, fortalecer las reservas estratégicas de gas natural y coordinar de manera efectiva a todas las entidades del sector. La mejor emergencia es aquella que se previene.
El segundo reto tiene nombre propio: Air-e. La crisis de la empresa distribuidora de energía no solo afecta a millones de usuarios de la Región Caribe; se convirtió en el reflejo de problemas estructurales que amenazan la sostenibilidad financiera de toda la cadena eléctrica. La solución exige mucho más que una intervención administrativa. Será necesario definir un esquema que garantice la continuidad del servicio, restablezca la confianza de inversionistas y acreedores, fortalezca la cultura de pago y asegure que las reglas regulatorias permitan prestar un servicio eficiente y financieramente viable. El Caribe necesita una solución definitiva, no una sucesión de medidas transitorias.
El tercer desafío probablemente será el más trascendental para el futuro energético del país: iniciar la exploración y explotación, transparente y basada en evidencia de los yacimientos no convencionales. Durante años, expertos nacionales e internacionales han señalado que Colombia cuenta con recursos que podrían fortalecer la seguridad energética, reducir la dependencia de las importaciones, atraer inversión y generar importantes ingresos fiscales y regalías para las regiones. Ignorar ese potencial no elimina las necesidades energéticas del país; simplemente traslada la dependencia hacia el exterior. Si el nuevo gobierno aspira a recuperar la autosuficiencia energética, deberá liderar una conversación seria sobre el fracking, con los más altos estándares ambientales, supervisión rigurosa y diálogo permanente con las comunidades.
Estos tres desafíos comparten un mismo denominador: requieren decisiones sustentadas en la evidencia y no en la ideología. Durante los últimos años, la incertidumbre regulatoria, la suspensión de nuevas rondas exploratorias y los mensajes contradictorios enviaron señales que debilitaron la inversión y deterioraron la confianza en el sector. Recuperarla será una tarea prioritaria.
Los primeros cien días no resolverán todos los problemas acumulados, pero sí pueden marcar una diferencia. Si el nuevo gobierno logra anticiparse a El Niño, encontrar una solución estructural para Air-e y establecer una hoja de ruta clara para aprovechar responsablemente los recursos energéticos del país, habrá dado un paso decisivo para recuperar la seguridad energética de Colombia.
El país necesita un sector minero-energético fuerte, capaz de garantizar energía confiable, competitiva y asequible para hogares, empresas e industrias. Esa no es la agenda de un gobierno; es una condición indispensable para el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y el bienestar de millones de colombianos. Los primeros cien días serán la oportunidad para demostrar que es posible comenzar a reconstruir esa confianza.
