En los años 80 del siglo pasado surgió un fuerte movimiento costeño, que exigía un trato equitativo para la Costa Norte con base en la figura de la Región Caribe. Por ello se propuso el desarrollo de proyectos de especial importancia para la solución de problemas como los que presentaba el canal del Dique para la Bahía de Cartagena o el Plan de Acción para el Control de Inundaciones y Adaptación al Cambio de la subregión de La Mojana.
El Fondo de Adaptación impulsó ambos proyectos, pero a la hora de la verdad nuevos directivos, como el Dr. Arce, no tenían el sentido de misión que a la entidad le había dado Cecilia Álvarez. Los estudios sobre La Mojana, realizados por ingenieros expertos en las diversas especialidades, con rigor académico y con apoyo holandés, duraron del 2012 al 2016 y presentaron un proyecto para el control y solución definitiva a las inundaciones de esa zona, tan promisoria como relegada por las autoridades centrales. En los anaqueles del Fondo de Adaptación reposa, olvidada, esa audaz iniciativa.
No todo es culpa del centralismo; también le cabe responsabilidad a los gobernadores, congresistas y dirigentes de la región, que no asumieron la lucha por realizar el proyecto, cuando muchos se ufanaban por obras insignificantes con las que carameleaban a los pobladores de la zona, ajenos también a la existencia de las soluciones estratégicas.
Debo advertir que a los congresistas costeños se les presentó un informe detallado en sesión especial de la Comisión VII del Senado. Sin embargo, no fuimos capaces de entusiasmar a los congresistas, porque cada uno tenía su propia y particular iniciativa. Muchos nos tildaron de entrometidos y desconsideraron la trascendencia de la solución para la mítica región de la mamá grande.
Algo parecido ocurrió con el Proyecto Urrá, cuya licitación para 1′200.000 kilovatios se abrió y se cerró durante el lapso en que dirigí el Ministerio de Minas, con el cual se daba a la región costeña una vocería fuerte en el mercado nacional de energía y se podrían reducir de manera sustancial sus tarifas eléctricas, al sustituir generación térmica por hidroeléctrica.
¡Pero se hizo un “Urracito” de 400 mil kilovatios, con casi el mismo impacto ambiental y todos tan felices! Cuando hice sobre ese particular un debate en el Senado a mi sucesor Álvaro Leyva, noté a varios miembros de la bancada cordobesa que se acercaban solidarios al Ministro. ¡Qué le vamos a hacer si así es el comportamiento humano!
Hoy, cuando urge adaptarse al cambio climático, se ven las consecuencias de haber optado por las soluciones inmediatistas y fáciles, que solo duran hasta el siguiente invierno.
Terminar un Urrá multipropósito forma parte de la agenda de cualquier estadista.
Para que se comprenda la dimsensión de la obra hago una síntesis de mi informe al Congreso de la República 1983:
“Costo total de 2 mil millones de dólares, casi el doble del presupuesto central de inversiones previsto para 1984. Dos embalses con 30 mil millones de metros cúbicos que inundan 60 mil hectáreas y donde el sólo embalse de Urrá II será 10 veces más extenso que la mayor laguna colombiana, constituyéndose, por amplio margen, en la principal reserva energética del sistema interconectado nacional. Financiación asegurada, gracias a nuestras gestiones en el exterior”.
La circunstancia afortunada de contar con una Ministra designada de Transporte, pone sobre la mesa la conveniencia de sacar adelante la propuesta de Ernesto Blanco sobre una red férrea de alta velocidad entre las capitales continentales del Caribe, desde Montería hasta Valledupar y Riohacha. Se ha propuesto una red como la china CR450, que además de pasajeros incluye carga ligera como la de comercio electrónico, pero complementada con una línea pesada que una a los tres puertos del Caribe, para un manejo que los convierta en un hub logístico internacional, competitivo en el Gran Caribe. En este campo también, la tecnología adaptada es la más avanzada.
No trato el tema por el afán de un protagonismo obsoleto; lo hago porque, al llegar a la Presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella, el primer caribe después de Rafael Núñez, se abren las expectativas para emprender con rigor técnico varias de las obras mencionadas y que hoy se requieren con urgencia ante el reto del cambio climático. Al Presidente electo se le notan las ganas darle un viraje al desarrollo nacional, que amaine los desequilibrios entre los departamentos y regiones de Colombia. 140 años después del centralismo político y la descentralización administrativa de Rafael Núñez, con Abelardo de la Espriella llega la descentralización del desarrollo y el gobierno desde los territorios de la Patria Milagro.
