Jesús de Nazaret no se predicó a sí mismo, sino el Reino de Dios como su reinado. No lo definió; por ello la mejor aproximación a lo que es el Reino es describirlo a partir de las prácticas de su predicador: “El reino es algo así como este mundo al revés”. Y ciertamente, para este tiempo actual nos resulta sugestiva esta metáfora. La propuesta del Reino es inédita de cara a todo lo que se ha propuesto a lo largo de la historia como reinos y reinados, desde las diversas sociedades que ha construido la humanidad.
Porque si en este momento varios líderes de los estados del poder o la dependencia están proponiendo y ejecutando la violencia como solución para que llegue la paz, el Reino es paz, una paz original: “La paz os dejo, la paz os doy, no como la da el mundo” (Jn. 14,27), don profundo y duradero que quita el temor. No es posible desde estas palabras pronunciadas, según el Evangelista, durante la cena de despedida y antes de su muerte violenta, justificar la violencia como medio para lograr un fin, un valor del Reino como es la paz.
Si este mundo es injusto, donde el poder del capital y del dinero, de la riqueza mal habida y el control ideológico por quienes lo tienen por la explotación del trabajo y de la naturaleza, el Reino es justicia: “Buscad el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6,33). El clamor por la justicia es una de las constantes en la predicación de Jesús de Nazaret, quien vivió en tónica profética toda su existencia.

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Rafael Nieto LoaizaSi este mundo está plagado de mentiras, si ya la verdad no sabemos dónde anda; porque la misma inteligencia artificial es capaz de crear situaciones, generar imágenes y propagar mentiras, como si fueran verdades, el Reino es verdad: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8,32). Y conocer la verdad es conocerle a Él, camino, verdad y vida.
Si en este mundo tenemos que asumir el odio, la venganza, la destrucción de la vida de los humildes, siempre las primeras víctimas de las guerras, el Reino es amor. Un amor preferencial por los que sufren, los excluidos, los pobres. El amor es el gran valor del Reino que nos pide, como ha señalado el episcopado latinoamericano en los últimos años y ahora lo retoma León XIV en Magnifica Humanidad, la civilización del amor; “porque solo el que ama ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1Jn 4,7-8).
El reino es todo lo contrario de lo que se nos pueda proponer como solución mesiánica a los males personales, familiares, ciudadanos, nacionales y mundiales. Solo la certeza de enderezar los senderos y convertirnos a los valores del Reino hará realidad una personalidad amable, una familia unida, una ciudad habitable, un país en paz y un mundo solidario y respetuoso de la diversidad. Grandioso desafío del predicador del Reino.
*Teólogo salvatoriano, Parroquia Santa Cruz de Manga.