comscore
Columna

Todavía pensando en cables

“La competitividad digital no consiste en tener internet, sino en convertirlo en empresas más productivas, mejores empleos, servicios públicos más eficientes e innovación”.

César Viloria Núñez

Compartir

La semana pasada se publicó el Índice Departamental de Competitividad 2026 en Colombia. En el pilar de Adopción TIC, el país vuelve a mirarse a través de dos subpilares. Infraestructura TIC, que mide la penetración de banda ancha fija, el ancho de banda, la disponibilidad de computadores y el uso de internet. Y Capacidades TIC, que observa estudiantes matriculados, graduados y oferta de programas profesionales en tecnologías de información y comunicaciones.

Más allá de compararnos internamente entre departamentos, si nos comparamos con países vecinos, hace 10 o 15 años Colombia tenía una posición relativamente aventajada en la región. El programa Vive Digital había acelerado el despliegue de conectividad y, al mismo tiempo, una campaña entre Estado, universidades y gremios instaló en la agenda pública el déficit futuro de programadores y profesionales TIC, lo que promovió el incremento de estudiantes en estos programas.

El problema es que, después de eso, otros avanzaron más rápido. Esto se observa con mayor claridad al analizar la última década. Entre 2015 y 2025, el uso de internet aumentó cerca de 21 puntos porcentuales en Colombia, frente a 41 en Perú, 28 en Ecuador, 26 en Costa Rica y 24 en México. En banda ancha fija, pasó de 11,2 a 17,2 suscripciones por cada cien habitantes entre 2015 y 2024: un aumento de apenas 6 puntos. Costa Rica y Argentina crecieron más de 10; México, 9. Colombia avanzó, pero sus vecinos avanzaron más rápido.

Más preocupante aún es la conversación que seguimos sosteniendo. Estas métricas son relevantes, pero cuentan una historia incompleta. Mientras aquí nos fijamos en conexiones, computadores y programas académicos, marcos como Going Digital de la OCDE, el Network Readiness Index y la Década Digital europea preguntan por habilidades efectivas, adopción empresarial, comercio electrónico, datos, inteligencia artificial, innovación, gobierno digital, confianza e impacto sobre productividad y bienestar.

No debemos abandonar los cables ni la formación. Al contrario: Colombia necesita una nueva ofensiva de infraestructura, conectividad significativa y talento digital para recuperar liderazgo regional. Pero también debemos dar el siguiente paso: medir cuánto valor agregado producen esas capacidades a las empresas y a la sociedad. Hemos trabajado en eso; pero, ¿cómo sabemos en qué nivel estamos? En tiempos de transformación digital e IA, debemos saber cómo la tecnología sí soporta realmente la productividad y la competitividad.

La competitividad digital no consiste en tener internet, sino en convertirlo en empresas más productivas, mejores empleos, servicios públicos más eficientes e innovación. Los cables son el comienzo. El desarrollo ocurre cuando por ellos circulan conocimiento, oportunidades y productividad, que se traducen en la mejora de la calidad de vida de las personas.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Decano de la Escuela de Transformación Digital, UTB.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News