En el debate sobre el futuro de Aguas de Cartagena conviene partir de los hechos, no de las percepciones. Administrar el sistema de acueducto y alcantarillado de la ciudad exige una capacidad técnica, administrativa y financiera excepcional. Pensar que basta con cambiar la empresa operadora para mejorar el servicio desconoce la complejidad de una infraestructura estratégica para más de un millón de habitantes.
Durante 31 años, el modelo de empresa de servicios públicos domiciliarios mixta permitió ampliar la cobertura, aumentar el número de usuarios, extender las redes, mejorar la continuidad del servicio, incrementar la producción de agua potable y ejecutar el sistema de saneamiento que hoy protege la bahía y los cuerpos internos de agua en Cartagena. El respaldo de un operador de nivel mundial convirtió un sistema con enormes limitaciones en un referente internacional.
La realidad operativa de Cartagena es especialmente exigente. El agua cruda debe captarse a más de 40 kilómetros de las plantas de tratamiento y ser impulsada mediante bombeo permanente, con altos costos de energía. El alcantarillado depende de numerosas estaciones de bombeo y de un complejo sistema de pretratamiento y emisario submarino, una de las obras de saneamiento más importantes del país.
A ello se suma una realidad social que no puede ignorarse. Más del 80 % de los usuarios pertenece a los estratos 1, 2 y 3. El fraude, las conexiones ilegales, las nuevas invasiones y el no pago generan elevadas pérdidas comerciales. Al mismo tiempo, las intervenciones clandestinas deterioran las redes y aumentan las pérdidas técnicas. Recuperar esa agua equivale a producir nueva oferta sin construir una sola planta adicional.
Por eso, la discusión no debe concentrarse en desmontar un modelo que ha demostrado buenos resultados, sino en fortalecerlo. La ciudad necesita un gran acuerdo entre el Distrito y el socio operador Veolia para ejecutar dos prioridades inaplazables: construir el segundo módulo de potabilización con una capacidad de producción de 52.000 metros cúbicos diarios de la planta El Cerro y desarrollar un plan integral para reducir las pérdidas técnicas y comerciales mediante renovación de redes, control del fraude, modernización tecnológica y una intensa gestión de trabajo social.
Cartagena requiere decisiones responsables, sustentadas en evidencia y visión de largo plazo. Lo que está en juego no es el futuro de una empresa, sino la seguridad hídrica, la salud pública, la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida de toda la ciudad. Preservar lo que ha funcionado y corregir lo que debe mejorarse es el camino más seguro para garantizar un servicio confiable para las próximas décadas.
