En una de sus últimas alocuciones, el presidente Gustavo Petro habló de promover una huelga general indefinida en caso de que llegasen a desmontar los derechos laborales, así como hacer un paro agrario indefinido si no se entregan unas seiscientas mil hectáreas de tierra a los campesinos.
En términos generales la huelga es un instrumento de presión que se dirige contra alguien para provocar cambios. En la historia aparecen algunas llamativas como la huelga de hambre iniciada por Mahatma Gandhi contra el imperio británico, la huelga de Bobby Sands, líder del IRA quien murió tras 66 días de abstinencia continua; también la polémica huelga de piernas cruzadas o de sexo como una de las tácticas a promover por Leymah Gbowee si los hombres no abandonaban la guerra civil que ya arrojaba miles de muertos en Liberia.
Sin embargo, la huelga como herramienta laboral es tal vez la más utilizada en el contexto obrero patronal; esta institución jurídica ha tenido una interesante transformación desde sus inicios en la revolución industrial, donde pasó de ser considerada como un delito hasta convertirse más adelante en un derecho laboral. De hecho, palabras que hoy relacionamos con las protestas proceden de esas primeras caóticas luchas obreras; ejemplo de ello serían las expresiones boicot, derivación del apellido Boycott, un exmilitar que fue contratado para administrar una extensa propiedad en Irlanda pero que por su comportamiento déspota y abusivo fue aislado social y comercialmente por la comunidad; sabotaje, como derivación de Sabot, es decir zapatos de madera o zuecos los cuales eran introducidos en las máquinas para frenar la producción o usados también para hacer ruido, zapateando al unísono para llamar la atención, y esquiroles, también conocidos como los rompehuelgas o traidores; su nombre provendría de un municipio Catalán llamado L”Esquirol, al que fueron a buscar trabajadores para reemplazar a unos huelguistas de las fábricas de un municipio vecino que habían cesado sus labores a manera de protesta. Varias huelgas internacionales sirvieron para consolidar los derechos laborales que hoy conocemos en temas de jornadas, salarios, prestaciones: la de 1886 de Haymarket en Chicago, o la de Rusia en 1905; para nosotros las huelgas nacionales de textiles y bananeras ocurridas el siglo pasado. Hoy la huelga laboral podría producirse por razones político sociales, por causas atribuibles al empleador, por solidaridad, como consecuencia de un conflicto colectivo e incluso hoy se habla de la huelga sorpresa, pero en todo caso ha de ser una protesta colectiva, pacífica y temporal.
Así las cosas, lo que propuso el presidente Petro en aquel discurso veintejuliero (lo hizo el 20 de julio) tendría más un sustento político que jurídico y sería más bien una forma de querer movilizar las bases campesinas y obreras en pro de mantener las reformas sociales que a su juicio logró su gobierno.
Guarrú: A las huelgas ya mencionadas podríamos agregar una nueva: Las huelgas chéveres; en el 2018 en Okayama, Japón, los conductores de buses de una empresa de transporte público protestaron contra su empleador no apagando los motores, ni provocando un caos vehicular, sino llevando a los pasajeros a sus destinos sin cobrarles un peso, o gratiniano como diríamos aquí.

