Antes del estreno de ‘Los doce del patíbulo’, el administrador del Teatro Cartagena, Floro Sánchez Villa, anunció en prensa los preparativos tecnológicos para ofrecer una calidad de sonido e imagen nunca antes vista. Así apareció en el periódico El Universal:
“Tengo que agregar una buena noticia para el público de Cartagena. El mercado europeo, concretamente el de Italia, acaba de lanzar unos nuevos equipos de 70 mm, con amplificadores transistorizados (8 en total), 6 bandas de sonido, etc. (...) Los montajes del nuevo aparato comenzaron desde el día domingo de la semana anterior, esperando queden completamente a satisfacción del público, en el día de hoy, cuando nos proponemos inaugurarlo con la exhibición de la cinta ‘Doce del Patíbulo’, que es considerada una gran cinta de acción bélica” (20 de junio de 1968).
En 1967 fue el estreno mundial de la película y ganó Premio Oscar a los mejores efectos de sonido al año siguiente. Dirigida por Robert Aldrich (1918 - 1983), esta cinta rompió con el patriotismo moralista propio de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial hechas en Hollywood. Robert Aldrich era un realizador rebelde frente al canon fílmico industrial, que promovía los mitos culturales de la supremacía estadounidense. Su oficio de asistente de directores como Charles Chaplin, Jean Renoir y Joseph Losey formó su visión transgresora del mundo y del cine; de ahí, la iniciativa de fundar su empresa productora independiente a mediados de los años 50, con lo que se aseguró el control creativo.
La productora The Associates & Aldrich Company era una de las pocas que podían sostener la operación financiera fuera del poder de las grandes productoras de la época. Gracias a su naturaleza, Aldrich filmó títulos como ‘El gran cuchillo’ (1955), ‘¡Ataque!’ (1956) y ‘El retorno del forajido’ (1957). Entre sus películas más famosas se encuentra un western sucio y amoral como lo es ‘Veracruz’ (1954). De manera, pues, que ‘Los doce del patíbulo’ fue pensada, también, para ganar el dinero suficiente y sostener la independencia creativa.
Los años de posguerra empalmaron con el período conocido como la Guerra Fría y fueron el contexto de una batalla cultural donde el cine fue crucial para convencer a la opinión pública mundial del pensamiento único y su poder omnisciente, del que nadie puede escapar. En contraste, en el mismo corazón del cine industrial, se manifestó la contracultura, de la que Aldrich fue exponente de una permanente crítica aguda.
‘Los doce del patíbulo’ eran hombres indeseables, villanos de mal ejemplo y muy alejados del mito del héroe. No tenían nada que perder. Cuando Floro Sánchez anunció con especial emoción la tecnología sonora que haría retumbar los balazos en el Teatro Cartagena, jamás imaginó que la película estuviera en cartelera casi 20 años, en los cines barriales de la ciudad.
