Las cifras recientes del turismo colombiano invitan al optimismo. En 2025, el país registró ingresos récord por turismo y transporte de pasajeros, superando los 11.000 millones de dólares, mientras las llegadas internacionales continuaron creciendo y el empleo del sector se acercó al millón de personas. Son resultados que confirman la recuperación de una actividad que se ha convertido en uno de los motores de la economía nacional.
Sin embargo, detrás de los buenos números existe una realidad más compleja. El turismo colombiano crece, pero lo hace de manera desigual. La expansión reciente está siendo impulsada principalmente por la demanda internacional, mientras el turismo interno continúa rezagado y sigue por debajo de los niveles observados antes de la pandemia.
Esta situación merece atención. Una economía turística excesivamente dependiente de los visitantes extranjeros queda más expuesta a cambios en el contexto internacional, desde desaceleraciones económicas hasta modificaciones en las preferencias de viaje. Aunque Estados Unidos sigue siendo el principal mercado de origen, es positivo observar una diversificación gradual hacia otros países como México, España, Perú, Brasil y Chile.
Para Cartagena, las noticias son particularmente favorables. La ciudad mantiene la mayor ocupación hotelera del país y continúa liderando los ingresos promedio en plataformas de alojamiento de corta estancia. Su posicionamiento internacional es indiscutible y constituye una ventaja estratégica para toda la Región Caribe.
No obstante, el éxito turístico no debe medirse únicamente por el número de visitantes. El verdadero impacto aparece cuando la actividad genera oportunidades para proveedores locales, impulsa el empleo formal, fortalece el comercio y mejora la calidad de vida de los residentes. En otras palabras, cuando el crecimiento turístico se transforma en desarrollo económico y social.
También resulta evidente una profunda transformación en la estructura del alojamiento. Las viviendas turísticas representan cerca del 60% de los registros activos del sector y la oferta de Airbnb se duplicó entre 2022 y 2026. Cartagena figura entre los destinos donde este fenómeno avanza con mayor fuerza. Ello amplía la capacidad de hospedaje y diversifica la oferta, pero también exige reglas claras que permitan equilibrar competitividad, convivencia urbana y acceso a la vivienda.
En conclusión, Colombia atraviesa un buen momento turístico, pero los récords, por sí solos, no garantizan prosperidad. El desafío consiste en convertir el aumento de visitantes y divisas en mayor productividad, mejor infraestructura, empleo de calidad y sostenibilidad ambiental. Al final, el éxito del turismo no debe medirse por cuántos llegan, sino por cuánto contribuye al bienestar de quienes viven en los territorios que los reciben.
