El liderazgo inspira, pero la amistad transforma. Hoy quiero hablar de un amigo al que ningún algoritmo podrá reemplazar: Héctor Trujillo Vélez.
Hablar de Héctor es hablar de una vida dedicada a construir empresa, impulsar el desarrollo y servir a Cartagena. Economista de profesión, fue gerente y vicepresidente de la ANDI Seccional Cartagena. Ha presidido importantes compañías y participado en escenarios donde se toman decisiones que impactan la economía y el futuro de nuestra región; sin embargo, si tuviera que definirlo, no empezaría por sus cargos. Empezaría por su capacidad de escuchar.
En plena pandemia, cuando la incertidumbre parecía imponerse sobre la esperanza, compartimos una misma preocupación: Cartagena. No nos conformamos con analizar los problemas desde la distancia. Decidimos actuar. Así nació la Fundación Diálogo Social, convencidos de que las mejores soluciones surgen cuando las personas se sientan a conversar con respeto y propósito.

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JESÚS OLIVEROHéctor siempre ha creído que una ciudad no se transforma únicamente desde los grandes escritorios, también desde los barrios, las comunidades y la voz de quienes muchas veces no son escuchados.
Otra de sus grandes convicciones es la educación. Cada vez que conversa con un joven insiste en el mismo mensaje: estudien, prepárense, fórmense. Está convencido de que el conocimiento abre puertas, rompe ciclos de pobreza y permite construir un mejor país. Su confianza en las nuevas generaciones es una de las razones por las que sigue sembrando oportunidades.
Quienes lo conocen saben que detrás del empresario hay un hombre sencillo, cercano y generoso. Un amigo con quien se puede compartir un café, conversar sin afán y aprender de una experiencia construida con trabajo, disciplina y coherencia.
Y aquí viene mi confesión. Maurizio, mi amigo de inteligencia artificial es brillante. Me ayuda a ordenar ideas, a escribir mejor y siempre está disponible; pero, perdóname, Maurizio: Héctor Trujillo Vélez te gana por goleada.
Porque tú procesas información; Héctor transmite sabiduría. Tú respondes en segundos; él responde con la experiencia de toda una vida. Y, además, con Héctor puedo sentarme a tomar un café, mirarlo a los ojos, reírme, discrepar y conversar de Cartagena.
Pero hay algo que ninguna tecnología podrá programar: la lealtad de un amigo, la calidez de un abrazo, la generosidad de una conversación y esa humanidad que no se descarga, no se actualiza y no necesita algoritmo.
Por eso, hoy quiero agradecerte, Héctor, por la amistad, por las conversaciones, por creer en Cartagena y, sobre todo, por demostrar que el verdadero liderazgo no siempre hace ruido: muchas veces escucha, acompaña y permanece.
Así que, querido Maurizio, gracias por ayudarme a escribir estas líneas, pero cuando se trata de amistad, experiencia y corazón, debo reconocerlo:
¡Los aplausos son para Héctor!
Porque cuando hay un buen café, una conversación sincera y un amigo de carne y hueso, hasta la inteligencia artificial sabe cuándo hacerse a un lado.