En una visita reciente al Centro Comercial Portal de San Felipe tuve una experiencia sencilla y reveladora: vi los rostros de algunas voces que escucho cotidianamente. Tras los vidrios de La Reina, Radio Tiempo y Olímpica, cualquiera puede observar un programa de radio.
Fue extraño. Durante años construí en la imaginación el rostro, la edad y hasta los gestos de quienes hablan al otro lado del receptor. Cuando finalmente conocí a esas personas, descubrí que poco coincidían con la imagen que había construido de ellas. Quizás allí reside una de las maravillas de la radio: conocer la voz y mucho después, si acaso, a quien habla.
Observándolos trabajar comprendí también cuánto ignoramos de ese oficio. Cada programa requiere concentración, rapidez, música, controles, mensajes, publicidad, improvisación y un esfuerzo permanente por cautivar a una audiencia invisible. Éver Luis, Shindy Watson y Edil De La Ossa, en La Reina; Nicolás Serje, Robert Suárez y Mike Morales, en Radio Tiempo; Laura Vanesza, Julio Mercado y Happy DJ, en Olímpica, son apenas algunas voces entre las muchas que cada día le hablan a la ciudad.

Héctor Trujillo Vélez: de carne y hueso
Mayra Rodríguez OsorioRecordé a Orión, ese gigante mitológico dibujado entre las estrellas, reconocido por las tres luces de su cinturón. Desde el Portal de San Felipe imaginé otro: tres emisoras con señales distintas detrás de unos cristales, lanzando voces sobre Cartagena. Debo hacer una salvedad: mi emisora predilecta es la de la Universidad de Cartagena, mi casa; pero las fidelidades no impiden reconocer el talento ajeno.
La radio llega a todos: al vigilante, al conductor, al vendedor, al enfermo, al anciano que vive solo y a quien necesita escuchar otra voz. Para muchos, durante horas, la radio puede ser la única compañía. Aquellas cabinas son también un laboratorio formidable y subutilizado por las escuelas de comunicación, e incluso por estudiantes de cualquier disciplina, en especial hoy, cuando saber comunicar es indispensable. Allí pueden aprender lo que ningún tablero enseña: escuchar, improvisar, administrar segundos, interpretar al público, equivocarse y continuar. En esos estudios trabajan verdaderos artesanos de la palabra y del tiempo.
Al salir del centro comercial confirmé algo que solemos olvidar: en cada frecuencia hay profesionalismo, disciplina y personas empeñadas en hacer mejor el día de los demás. La Reina, Tiempo y Olímpica fueron esta vez mi Cinturón de Orión, pero el cielo radial de Cartagena tiene muchas más estrellas, cada una con su historia, su audiencia y su manera particular de acompañarnos. A todas nuestras emisoras, a sus locutores, periodistas, productores, técnicos y a quienes hacen posible que una voz llegue cada día hasta nosotros, mi reconocimiento. Mientras haya una radio encendida, siempre habrá alguien al otro lado recordándonos que no estamos solos.