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Columna

La nueva revolución

De cada tres dólares que se invierten en una empresa nueva, en un proyecto, en un producto, dos están relacionados con AI.

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Todos hablan de inteligencia artificial. La mayoría empieza por ahí: le piden a ChatGPT que redacte un correo, que resuma un documento, que arme un itinerario de viaje. Algunos ya trabajan con agentes. Otros construyen su día a día sobre ellos. El espectro es amplio, pero lo que pocos están mirando de frente es el número detrás de todo esto:

Hoy, dos de cada tres dólares de capital de riesgo en el mundo van a inteligencia artificial.

Para ponerlo en concreto: de cada tres dólares que se invierten en una empresa nueva, en un proyecto, en un producto, dos están relacionados con AI. Solo Nvidia ya vale 3,3 billones de dólares —una de las empresas más valiosas que ha existido—, y sigue subiendo. Esto no está pasando despacio. Está pasando mientras lees esto.

Podría debatir si la AI va a cambiar la forma de trabajar. Pero ese debate ya está cerrado. Lo que me interesa hoy son dos cosas que casi no se mencionan juntas: cómo estamos las mujeres en esta revolución, y cómo todos —desde donde estamos— podemos ser parte de la acumulación de riqueza que está ocurriendo ahora mismo.

Primero, las mujeres.

Las mujeres triplicamos el uso de herramientas de AI el año pasado. Somos usuarias. Nos adaptamos rápido, las adoptamos, las integramos. Esa parte la estamos haciendo bien.

Pero hay una brecha que duele: solo el 2% del capital invertido en AI el año pasado fue a empresas gestionadas únicamente por mujeres. Y apenas el 12% de quienes trabajan en investigación y desarrollo de AI son mujeres.

Sabemos usar la herramienta. Lo que nos falta es estar en la mesa donde se construye y donde se financia.

Segundo, y esto es lo que más me importa decirles:

No es lo mismo usar una ola que ser dueña de ella.

En cada gran revolución económica de la historia hubo dos grupos: los que la miraron pasar y los que se posicionaron como dueños. La diferencia casi nunca fue el genio. Fue la decisión. La decisión de dejar de ser solo consumidora.

La pregunta que deberíamos hacernos no es si la AI va a cambiar nuestra vida —ya lo está haciendo—. La pregunta es: ¿cómo puede cambiar tu patrimonio?

Desde Colombia, desde México, desde donde estés, hay formas concretas de entrar. No hace falta ser millonaria ni trabajar en Silicon Valley:

  • Puedes comprar acciones de empresas del sector, índices de tecnología o fondos de nuevas tecnologías.
  • Puedes explorar los sectores clave: semiconductores y hardware, software y nube, automatización e industria, salud y finanzas. No es solo Nvidia.
  • Y si tienes más apetito, puedes ir más lejos: construir, fundar, pedir capital, estar en la mesa desde donde se reparte.

El mercado es enorme y todavía hay silla. Pero las sillas no esperan.

Investiga. Asesórate. Abre la cuenta. Invierte. Deja de ser solo consumidora del sector que está definiendo la próxima década.

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