Columna

¿Qué aprendí?

“No quiero dejar pasar la oportunidad de hacer una última reflexión sobre el Gobierno de Petro...”.

Jorge Rumié

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No quiero dejar pasar la oportunidad de hacer una última reflexión sobre el Gobierno de Petro. No para seguir mirando por el retrovisor, sino precisamente para que no volvamos a estrellarnos con el mismo poste. Un país partido por mitades terminó viendo una misma película y sacando conclusiones totalmente opuestas. Veamos. 1) Que la gente, en términos generales, es buena, noble y quiere creer. Y precisamente por eso es engañada. Basta repetirle a alguien que uno lucha por él, que pertenece a “los suyos”, para que termine perdonándole todo. Somos tribales: ‘Si es de los míos, no importa’. Petro entendió esa debilidad humana y la explotó hasta el cansancio.

2) Que los títulos universitarios tampoco vacunan contra el engaño. Conocí personas muy inteligentes que al principio lo defendieron. ¿Por qué? Porque cometieron un error muy humano: juzgar al otro desde sus propios parámetros éticos. Como ellos jamás mentirían deliberadamente, suponían que el gobernante tampoco. Craso error.

3) Que una mentira repetida muchas veces se vuelve verdad. Y aquí aparece la famosa Ley de Brandolini: fabricar una falsedad toma segundos; desmontarla exige diez veces más energía. Mientras usted consigue cifras, documentos y explicaciones, el vendedor de humo ya lanzó otras cinco. Petro convirtió esa asimetría en su método de comunicación.

4) Que a millones de colombianos poco les importa o entienden los problemas como la regla fiscal, la separación de poderes, que el país se quiebre, que perdamos la democracia o una Asamblea Constituyente. No porque sean asuntos menores -son fundamentales-, sino porque quien tiene hambre piensa primero en comer y quien no tiene empleo piensa primero en trabajar. Punto. Si quienes defendemos la democracia y la economía de mercado no entendemos eso, llegará otro populista, prometerá el cielo, repartirá humo y volverá a ganar. La batalla principal está en acabar la pobreza.

5) Y aprendí algo más: no podemos olvidar. El reciente ‘Libro de la Verdad’ reúne denuncias sobre presuntos actos de corrupción del Gobierno Petro, pero falta otro libro, quizás una enciclopedia: cuatro años de trinos desastrosos, promesas incumplidas, ministros incompetentes, debilitamiento institucional, improvisaciones, discursos para dividir, errores y mentiras. Algún periodista o académico debería reconstruir, día por día, esa historia; no para alimentar odios, sino para jamás olvidar. No podemos olvidar que ese fue el peor gobierno de la historia de Colombia.

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