La selección del Alto Mando de las Fuerzas Militares de Colombia, como ocurre en toda democracia constitucional, constituye una decisión de la mayor trascendencia para la estabilidad, la seguridad, la institucionalidad y el progreso de la Nación.
No se trata simplemente de una facultad administrativa o de una decisión propia de la coyuntura política. Por su naturaleza y por sus consecuencias, es una determinación que puede comprometer el destino de la República y el bienestar de las próximas generaciones.
Después de la experiencia del Gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, de la Junta Militar de Gobierno de 1957, de nuestra participación en la Guerra de Corea y de haber enfrentado durante décadas uno de los conflictos armados internos más prolongados y cruentos del hemisferio occidental, Colombia aprendió, con enormes sacrificios, una lección fundamental: la democracia es un valor superior de la Nación y las Fuerzas Militares constituyen una institución esencial para su defensa; no un instrumento de los intereses circunstanciales de ningún partido o gobierno.
Por ello, la selección de quienes han de ejercer el Alto Mando Militar pertenece, por su propia naturaleza, al ámbito de la Gran Política: aquella que trasciende la contienda partidista, supera los intereses de corto plazo y coloca por encima de cualquier consideración particular el interés permanente de la Nación.
El criterio fundamental debería ser, por tanto, la idoneidad profesional, la experiencia, el liderazgo, la integridad, el carácter, la lealtad a la Constitución y la capacidad de preservar la unidad, la dignidad y la eficacia institucional de las Fuerzas Militares.
El jueves 20 de agosto 2026, se anunció el nuevo Alto Mando Militar de Colombia. Corresponde recibirlo con el respeto que merece la institucionalidad y esperar que quienes han sido escogidos estén a la altura de las enormes responsabilidades que la Nación deposita en sus manos.
Pero también es legítimo expresar una reflexión, nacida de la experiencia histórica: ojalá en esta ocasión no se repitan errores del pasado reciente y la selección del Alto Mando haya respondido, por encima de toda consideración partidista o coyuntural, a los superiores intereses permanentes de la República; porque en materia de defensa y seguridad nacional, la política partidista puede cambiar con cada elección; y la responsabilidad de defender a Colombia permanece.
Y esa responsabilidad pertenece, antes que a un Gobierno o a un partido, a la Nación.
P.D. El Alto Mando Militar no pertenece a un Gobierno ni a un partido. Pertenece a la República. Quienes tienen el honor de ejercerlo reciben, por un tiempo, la responsabilidad de servirla y defenderla.
*General de La República.
