Con el pasar del tiempo he descubierto que la libertad y la verdad, van unidas, son interdependientes, por eso Jesús dijo a los judíos que habían creído en él “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (San Juan 8. 31 y 32 Biblia Reina Valera 1960).
Antes de entrar en materia, cabe preguntar ¿Qué es la verdad? Es una pregunta que parece de fácil respuesta, pero la historia nos demuestra que no es así, empezando por Poncio Pilato quién le preguntó a Jesús ¿Qué es la verdad? (San Juan 18. 38) y Jesús guardó silencio, porque Pilato no estaba preparado para oír la respuesta que tiempo atrás había dado a sus discípulos, cuando les dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida, y nadie viene al padre sino por mí” (San Juan 18. 38).
Algo parecido sucedió con Hans Kelsen, llamado el padre del positivismo moderno, por su libro “Teoría pura del Derecho”, quién en la introducción de su ensayo “¿Qué es la Justicia?”, dice que Pilato no esperaba respuesta alguna, que Jesús no vino a dar testimonio de la verdad sino de la justicia, y no definió ninguna de ellas, por lo que dice San Juan 8. 47 “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”.

Dos años después, cayó la moneda
CARLOS ALBERTO SAMPAYO MOLINAEn ese orden, Eduardo Montealegre, dijo en el debate del 18 de junio de 2025 que sostuvo con Mauricio Gaona, que la verdad “no está en las cosas, no está en los hechos de la naturaleza ni son los hechos fácticos sino la interpretación que se haga de ellos”. Mucha gente en el poder cree lo mismo. He allí la razón de lo que nos rodea.
En efecto, las consecuencias están a la vista, la aprobación de leyes contra natura, el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido, el matrimonio igualitario, la niñez trans que quieren también aprobar. Todo esto por las exóticas interpretaciones de la Corte Constitucional del artículo 16 de la Constitución, que bien dispone: “Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico”, y esos límites no los ha tenido en cuenta la guardiana de la Carta.
Yo he sido víctima de esas interpretaciones, al haber recibido tres sanciones, dos de destitución e inhabilidad de 15 años en mi cargo de juez, por no haber casado a dos mujeres, cuya primera sanción fue anulada y la segunda reducida a un año de suspensión disciplinaria.
Y ahora más reciente, el presidente de la República ofreció disculpas para cumplir una tutela, por las oraciones en su posesión por ser un país laico, pero al final exclamó ¡Qué viva Cristo Rey!