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Columna

Crear empresas es importante; ayudarlas a sobrevivir es urgente

“Cada empresa que desaparece representa inversión, empleos y oportunidades que el país pierde. Simplificar es necesario. Acompañar es indispensable. Y hacerlo pronto debe ser una prioridad”.

Ambrosio Fernández

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El anuncio del Gobierno Nacional de impulsar un proyecto de ley para reducir trámites, costos y barreras para las micro, pequeñas y medianas empresas merece ser reconocido. Facilitar la creación de empresas es una decisión correcta, pero debe asumirse con sentido de urgencia: Colombia no puede permitir que una iniciativa anti-trámites termine atrapada durante años en los mismos trámites que pretende combatir. Hay que avanzar rápido.

El desafío, además, no termina cuando una empresa obtiene su matrícula mercantil. En la mayoría de los casos apenas comienza. Después vienen permisos, cargas administrativas, costos financieros, dificultades de acceso al crédito, falta de capital de trabajo y barreras que terminan afectando su capacidad de crecer y permanecer.

Las cifras deberían encender las alarmas. Según Confecámaras, solo el 33,5% de las empresas colombianas sobrevive cinco años. En las microempresas la cifra es del 33,4%. Y en nuestra región encontramos señales aún más preocupantes: un estudio de la Cámara de Comercio de Barranquilla sobre las empresas creadas en Atlántico en 2018 encontró que al tercer año permanecían activan el 32,5% y al quinto apenas el 24,6%.

Por eso no basta con facilitar el nacimiento de empresas. Necesitamos una verdadera política de supervivencia empresarial. Menos trámites para crear, sí; pero también menos obstáculos para operar; financiación accesible, garantías para el crédito, capital de trabajo, acompañamiento técnico, transformación digital y posibilidades reales de llegar a nuevos mercados.

Y aquí las cámaras de comercio pueden jugar un papel determinante. No deberían ser percibidas simplemente como entidades donde el empresario se matricula, renueva cada año y paga una tarifa. Tienen la información, la capacidad institucional y la cercanía regional para convertirse en verdaderos centros de acompañamiento empresarial.

Podrían identificar tempranamente empresas en riesgo, conectarlas con bancos, fondos de garantías, inversionistas, universidades y mercados, y acompañarlas durante esos primeros años que resultan decisivos. Incluso deberíamos comenzar a medir su gestión no solamente por cuántas empresas se crean o renuevan, sino por cuántas logran sobrevivir, crecer y generar empleo.

El Gobierno ha dado una señal positiva. Ahora corresponde al Congreso, las cámaras de comercio, el sistema financiero, los gremios y el sector privado acelerar su materialización y ampliar su alcance. Que esta iniciativa no sea solamente una reforma para crear empresas más rápido, sino el comienzo de una política nacional para ayudarlas a vivir más tiempo.

Cada empresa que desaparece representa inversión, empleos y oportunidades que el país pierde. Simplificar es necesario. Acompañar es indispensable. Y hacerlo pronto debe ser una prioridad.

El reto es pasar de registro al acompañamiento. Gobierno, sector financiero, empresarios y cámaras de comercio debemos construir un ecosistema que no solo facilite emprender, sino que ayude a permanecer y crecer. Las regiones necesitan ecosistemas más cercanos al empresario, que escuche de verdad, que conecte oportunidades y que contribuya activamente al desarrollo del país.

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