Columna

¿Cuántos hijos habrías querido tener?

Con familias más pequeñas cambia la manera de vivir. Cambia dónde vivimos y el tamaño de la casa. Cambia que salir a comer con los niños dejó de ser un acontecimiento.

Stephanie Dager

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Cuando uno escucha que nuestros abuelos tenían 7, 5 o 13 hermanos nos parece una locura y nos hacemos muchas preguntas: ¿cómo lo lograban? ¿Cómo organizaban las madres la agenda de tantos hijos? ¿Cómo comían? ¿Cómo salían en un carro? ¿Cómo hacían tareas?

Tres generaciones, 14 hijos, 4 y 2.

En el mundo, los hijos por mujer en 1950 eran en promedio 5; en 1990, 3,3; en 2024, 2,25; y la ONU proyecta que en 2050 serán 2,07. Para Colombia, la ONU ya estima 1,63, es decir que estamos por debajo de la tasa mundial proyectada para el 2050.

¿Qué está pasando en Colombia? Lo primero, que más jóvenes están posponiendo la maternidad por sus estudios, por su participación en el mercado laboral; segundo, métodos anticonceptivos más modernos, más accesibles y con más información para los jóvenes. La edad media al primer hijo en Colombia pasó de 22,7 años a 24,4. Yo tuve mi primer hijo a los 28 años y tengo el recuerdo de que, cuando me enteré de que estaba embarazada, además de emocionarme me estresé mucho: acababa de ser promovida en el trabajo de mis sueños y me pregunté: ¿seré capaz?

Pero no en todo el país es igual: en algunas regiones las niñas de 15 a 19 años siguen teniendo muchas más probabilidades de ser madres. En La Guajira, en 2024 nacieron 65,9 bebés por cada 1.000 adolescentes de 15 a 19 años, en Atlántico, 33; en Bogotá, 18,3. Mismo indicador, mismo año, mismo país. La brecha también se ve en la edad: en la Guajira las mujeres tienen su primer hijo en promedio a los 22,2; en Bogotá, a los 26,2 años. Entonces, si una mujer como yo tiene su primer hijo a los 28 años por prepararse, por trabajar, por lograr sus sueños, por acumular, es más probable que tenga menos hijos que esa niña de 15 años que tuvo su primer hijo sin terminar el bachillerato. Por eso, detrás del 1,63 hay una dualidad: unas decidimos cuándo somos madres, otras son madres antes de poderlo decidir.

Con familias más pequeñas cambia la manera de vivir. Cambia dónde vivimos y el tamaño de la casa. Cambia que salir a comer con los niños dejó de ser un acontecimiento. Cambia que viajamos en familia, que llevamos a los hijos a clases extracurriculares —a veces a demasiadas—, que estamos encima de cada uno, que dividimos el poco tiempo que queda entre el trabajo y la crianza. Esto no es un problema: es una nueva manera de vivir.

Mi suegra tiene 13 hermanos; yo tengo 3 hermanas. Y creo que la madre de mi suegra no eligió tener todos esos hijos: los tuvo. Yo elegí tener dos. Y ahí está la pregunta que me incomoda: cuando decidimos tener una familia pequeña, ¿estamos eligiendo de verdad, o simplemente estamos administrando lo que nos alcanza en dinero y tiempo? Yo no soy la única que se pregunta esto, la ONU en la encuesta del Fondo de Población en 14 países, a la pregunta cuántos hijos quieren tener, la respuesta fue 2, y el 39% afirmó que la plata le ha impedido desear más. Porque hay una diferencia enorme entre decir “quiero dos hijos” y decir “solo me alcanza para dos”. La primera es libertad. La segunda es una restricción disfrazada de decisión.

Yo no tengo la respuesta. Pero llevo días preguntándome: si el tiempo, la ambición y la plata no fueran el problema, ¿cuántos hijos habrías querido tener?

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