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Columna

Entre el bien y el mal

El problema de la medición es que las leyes cambian, la opinión pública es volátil y lo que beneficia a la mayoría puede oprimir a las minorías.

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Hablando del bien y del mal. Y haciendo una reflexión profunda sobre ello, encuentro unos parámetros que nos enseña sobre cómo opera esta dualidad en la actualidad. En la subjetividad moral de hoy en día. Lo que antes era un pecado incuestionable, hoy puede ser visto como una elección personal o un derecho. Sin un juez supremo, la moral se ha ido diluyendo hasta volverse líquida y se adapta a las modas y condiciones culturales, muy acomodadas en todos sus aspectos cómo la política, ejercida en medio de la corrupción ha llegado a tolerarse, y se ha ido perdiendo poco a poco la rectitud de conciencia.

El “bien” tolerable: Haciendo una definición errónea del bienestar individual, el éxito material y la tolerancia ciega suelen coronarse como los nuevos valores supremos. En una sociedad secular, “hacer el bien” ya no se asocia con ganar el cielo o cumplir un mandamiento. Se asocia con la empatía, la justicia social y los derechos humanos. El bien es aquello que reduce el sufrimiento ajeno y promueve el florecimiento humano.

El “mal” se despoja de su carácter espiritual. Ya no es el “pecado” que ofende a Dios, sino el daño real, sistémico o individual causado a otra persona o al entorno violencia, corrupción. Se redefine no como la transgresión a una ley sagrada, sino como aquello que interfiere con la libertad ajena o causa un daño público visible, que daña de manera tangible, el pensamiento de la sociedad actual.

El problema de la medición es que las leyes cambian, la opinión pública es volátil y lo que beneficia a la mayoría puede oprimir a las minorías. La medición moderna es pragmática, pero carece de un fundamento espiritual moral o ético permanente. Es, así que, para sobrevivir, el hombre moderno debe aprender a construir una “ética del cuidado mutuo” que reemplace el egoísmo por la solidaridad.

Una sociedad donde el ser humano se encuentra apartado de Dios se acostumbra a vivir en un vacío ético, alejado de la moralidad divina. Aunque se prescinda de la religión, la necesidad debe trascender, en busca de justicia y bondad logrando el bienestar de todos permaneciendo en el diseño original creado por Dios; del ser humano, a imagen y semejanza de Él.

Una sociedad sostenida, con rectitud de conciencia, deseando, para todos, el bien que viene de un Dios siempre bueno, que desea una sociedad que viva moralmente, con el deseo de la verdadera felicidad, en el amor al prójimo hasta la perfección del amor mutuo, como el mayor vinculo de la humanidad. Grabarlo en nuestro corazón, siempre considerándonos a las buenas obras, como la sal y la luz del mundo, en definitiva, esa es la divina voluntad de Dios.

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