El 10 de septiembre de 2017, bajo la sombra de una enorme bonga frente a la parroquia del barrio San Francisco, el papa Francisco bendijo las piedras fundacionales de dos proyectos sociales mientras sonaba champeta. Había visto en un mapa de Cartagena un barrio con su mismo nombre y quiso conocer su historia. Nueve años después, a pocos metros de allí, en la curva donde la vía Perimetral se encuentra con las letras de la ciudad, otra obra empieza a escribir un capítulo nuevo: la vía paralela a la pista del aeropuerto Rafael Núñez, que conectará a San Francisco con el 7 de Agosto.
La obra no está terminada. En septiembre se habilitó un tramo para aliviar el tránsito sobre la vía principal San Francisco–La María, mientras el resto de la construcción avanza. Y precisamente por eso vale la pena mirarla ahora: una vía en ejecución es todavía una conversación abierta entre la ingeniería, el Distrito y la comunidad que la pidió.
Porque fue la comunidad la que la pidió. En marzo de 2025, los vecinos plantearon la necesidad de comunicar el barrio con la parte posterior del 7 de Agosto, y de esa conversación nació el compromiso. No es extraño: San Pacho, como lo llaman sus habitantes, tiene la costumbre de construir su propio territorio. Las primeras pobladoras, llegadas en 1964, recuerdan pastizales a orillas de la Ciénaga de la Virgen y del Caño de Juan de Angola, donde se pescaban lebranches y sábalos y se recogían almejas. Otros recuerdan El Machuchal, un arroyo de pescadores que los vecinos fueron rellenando con zahorra, camión tras camión. Aquí la gente no solo levantó casas: levantó el terreno.

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ENRIQUE DEL RÍO GONZÁLEZEse origen tiene una lectura técnica que conviene tener presente. El barrio se asienta en el costado nororiental del Cerro de la Popa, sobre una combinación de rellenos heterogéneos, incluidos terrenos que en otra época recibieron residuos de la ciudad, y arcillas que los estudios del Distrito describen con predominio de vermiculita y caolinita, una composición de carácter expansivo. Con agua, esos suelos se hinchan; sin ella, se retraen. INGEOMINAS documentó agrietamientos en unas cuarenta viviendas en 1998, y con las lluvias extraordinarias de La Niña, entre 2010 y 2011, la afectación alcanzó a más de dos mil familias. No se trató de un hecho fortuito, sino de un suelo que habla un lenguaje que la ingeniería sabe leer y gestionar.
La vida del barrio, sin embargo, nunca se detuvo. Desde muy temprano salen hacia el Centro y Bocagrande vendedores, trabajadoras del hogar y, sobre todo, albañiles, carpinteros y electricistas que han levantado buena parte de la Cartagena que el visitante admira. Por dentro, el barrio se mueve entre tiendas, chazas, talleres y ferreterías, en mototaxi o en los camperos que durante años hicieron las veces de transporte colectivo. Y los fines de semana la champeta retumba desde el picó en las esquinas, alternando con la salsa que los vecinos reconocen como parte de su identidad. No es casual que el video de Ponlo aquí, canción que reunió a varios artistas de champeta de la ciudad, se haya grabado en sus calles.
En ese paisaje sonoro hay una esquina que resume buena parte del barrio. Desde hace casi cuarenta años, el estadero WIO, de Wilfrido Correa León, es uno de los espacios de música más queridos por la comunidad, al punto de que la cancha de microfútbol del sector terminó conociéndose por su nombre, incluso en los registros del Distrito. La cancha del WIO, renovada como sintética en 2018, es a la vez escenario deportivo y de fiesta: en ella se juega durante la semana y suena la champeta en los eventos del barrio. Frente a ella vivió Elson Becerra, el ídolo de San Francisco, campeón de la Copa América 2001 con la Selección Colombia, recordado en el mundo del fútbol por correr a socorrer al camerunés Marc-Vivien Foé en la Copa de las Confederaciones de 2003, y en su barrio por volver a casa descalzo después de regalar sus zapatos a quien se los pedía. Partió muy joven, en 2006, pero su nombre sigue ligado a esa esquina donde la música, el balón y la memoria se encuentran.
A esa vitalidad se suma una infraestructura que no aparece en los planos: la memoria. Desde el año 2000 funciona el Biblioparque y Casa Museo de San Francisco, nacido de una «librotón» impulsada por jóvenes del barrio y sostenido desde hace más de dos décadas por el líder comunitario Julio César. Allí se guardan fotografías, instrumentos y documentos de generaciones de sanfranciscanos, y se dictan talleres de lectura, escritura y fotografía para niños y jóvenes. Una comunidad que custodia su historia es, también, la mejor aliada para cuidar su territorio.
Sobre ese tejido llega la vía. El tramo habilitado ya se siente: la vía principal San Francisco–La María respira un poco más y los recorridos hacia el norte empiezan a tener alternativa. Cuando la obra concluya, el cambio será más profundo. El barrio ganará una salida propia hacia el 7 de Agosto y dejará de ser paso obligado para quien cruza del suroriente al norte, lo que se traduce en calles interiores más tranquilas para los niños, las terrazas y la vida de vecindario. Se abre además la posibilidad de rutas de transporte formales para un barrio que se ha movido con recursos propios. Y el nuevo nodo, con la rotonda, las letras de Cartagena y el mirador que contempla el proyecto, puede convertirse en un nuevo punto de encuentro, que se sume a los que el barrio ya tiene, como la esquina del WIO, con espacio para la gastronomía y el comercio barrial. La vía, además, no llega sola: se suma a la rehabilitación del alcantarillado en la calle 56 y a los mejoramientos de vivienda que ya comenzaron en el barrio.
El proyecto incluye también un muelle para los pescadores de la Ciénaga de la Virgen. Es un detalle con mucho sentido: la pesca fue uno de los primeros oficios del barrio, y darle infraestructura digna es reconocer esa continuidad. Queda, eso sí, una tarea que conviene resolver desde ahora: un borde con más tráfico exige cruces peatonales seguros hacia el mirador, el muelle y la rotonda. La mejor vía urbana es la que también se puede cruzar caminando.
A escala de ciudad, la obra pesa más de lo que sugieren sus cerca de 900 metros de longitud. Hace parte del Circuito Vial del Norte, concebido para reorganizar la movilidad de ese sector de Cartagena con vías nuevas y alternativas de circulación, y retoma una conexión que estaba pendiente desde los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2006. Su lógica es circunvalar: mover los flujos por los bordes para no cargar de tráfico el interior de los barrios, acercar las Localidades 1 y 2 y facilitar el acceso al aeropuerto, a Crespo y al frente marítimo del norte. Durante su ejecución ha generado 30 empleos directos, un recordatorio de que la obra civil es también ingreso para los hogares cercanos, muchos de ellos con larga tradición en los oficios de la construcción. Y deja planteado el siguiente paso: el corredor de unos once kilómetros que debería bordear la Ciénaga de la Virgen hasta La Cordialidad y la Vía al Mar. San Francisco es la bisagra donde ese anillo empieza a cerrarse.
En 2017 se bendijeron dos piedras bajo la bonga. En 2026 se levanta, tramo a tramo, una vía que el propio barrio pidió. La siguiente piedra fundacional es la del suelo firme y la planeación compartida, para que el nuevo borde sea un lugar donde quedarse y no solo un camino por donde pasar. San Pacho ya demostró que sabe construir su territorio. Ahora Cartagena tiene la oportunidad de construirlo con él.
La Cartagena “Ciudad de derechos “ de la administración de Dumek, construye una nueva forma de moverse en la ciudad y la frase es: “Estamos haciendo historia”cobra vida por si misma.