Luego de cuatro años “congelados”, la izquierda radical colombiana despierta de su hibernación inútil y cómplice, para amenazar al nuevo gobierno y a la población civil, con “jornadas de protesta y movilizaciones”, con claros objetivos políticos y electoreros, no exentos de violencia y terrorismo urbano.
Mientras el Presidente de la República y las Fuerzas Armadas Constitucionales libran una batalla metro a metro en Santa Marta y Cali, para recuperar la seguridad ciudadana de grupos terroristas apoyados por el petrismo, en el Congreso eran citados los ministros por parte de la bancada del Pacto Histórico, no solo buscando una hipotética y absurda moción de censura, sino poniendo en escena un dossier de vulgaridades, chistes grotescos e insultos a funcionarios y colegas, sin un solo argumento coherente o ecuánime.
Llega un momento que observar tanto cinismo y doble moral, pasamos a considerar, seriamente, que estamos frente a una bancada defensora de criminales y no de una oposición democrática.
FECODE y las Centrales Obreras ahora se acordaron de las calles, con el único propósito de “medir los cálculos políticos de la oposición”, con miras a las elecciones regionales del año entrante; esto es, cuando esta sociedad comienza a respirar otros aires de orden y futuro, estos mismos coautores de la debacle corrupta del gobierno anterior, pretenden volver a escena, con un paro nacional en el mes de noviembre para defender y reivindicar los derechos sociales: ¿A qué disparate se refieren con este propósito “jurídico - social”?
A estas asociaciones, de manera aleatoria y resumida, hay que recordarles la inmensa catástrofe social, política, financiera y contractual respaldada por ellos mismos, que ha heredado el gobierno de Abelardo De La Espriella; y sería muy saludable, insistirles que repasen el contenido del Libro de la Verdad.
Durante los últimos cuatro años, FECODE y las Centrales Obreras cohabitaron y pelecharon del gobierno de Gustavo Petro, gozando de las prebendas y las ventajas del poder, en detrimento de millones de trabajadores, pensionados y familias: Fiduprevisora reportó pagos a proveedores del FOMAG por 4.4 billones de pesos sin soportes ni evidencias; los dineros cuestionados desde la campaña petrista en 2020; el aumento del 300% en el reclutamiento de menores y la pérdida de un mes del año escolar en colegios públicos por paros y marchas de los docentes, mientras una profesora de una institución educativa en el Norte de Santander, coloca tareas a sus niños estudiantes consistente en dibujar y colorear las banderas de los grupos narcoterroristas FARC y ELN.
En otros contextos, esta oposición partidista defensora de oficio de criminales y terroristas en el Congreso Nacional, debe tener una flaca o selectiva memoria, como para haber olvidado el macrodesfalco y la corrupción que se hizo paisaje durante el aquelarre petrista, con la aquiescencia, anuencia y pasividad de la Fiscal y el Contralor General, así como del Procurador General:
Los saqueos a la UNGRD, Ministerio de la Igualdad y el SENA, para referirme solo a los más groseros, por una suma cercana a los 20 billones de pesos. Escándalos con la Reforma Agraria y la Agencia Nacional de Tierras (ANT); los Caminos Comunitarios para la Paz y otros del sector agropecuario, cuyas ejecuciones presupuestales no alcanzaron el 15% promedio. Seguimos recordándole a la bancada petrista el colapso de la salud con la intervención y la desfinanciación de las EPS, así como de las Fuerzas Armadas, que podría ascender a los 28 billones de pesos; y finalmente, la crisis y contracción en la producción y exploración de petróleo y gas que desmanteló a Ecopetrol, en un entramado de corrupción nunca visto. No mencionaré aquí, por motivos de espacio, las mafias burocráticas de contratistas y familiares que contribuyeron a este pillaje, que deberán responder ante la justicia, sea cual fuere el tiempo que requiera la investigación y el proceso.
Este gobierno está ordenando y reconstruyendo física, financiera y moralmente este país; es tiempo de avances para mirar el horizonte con seguridad; no es tiempo para volver a romantizar con criminales ni para violentar a la sociedad con saboteos desde el Congreso, disfrazados de protestas y paros por “derechos” inexistentes.

