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Columna

El espejo retrovisor

“Esa es quizás la razón principal por la cual De La Espriella está empeñado en que paguen por sus culpas, devuelvan el dinero...”.

Mauricio Ibáñez

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En días pasados un periodista radial criticaba la forma como el actual gobierno está ejerciendo el poder con un ojo bien firme en el espejo retrovisor, y el otro lanzando una mirada a la fiscal general, solicitando una investigación tras otra por las irregularidades que han venido hallando de la era Petro.

Uno entiende al periodista, y seguramente no será el único que así piense, hasta que nos metemos en el contexto de lo que ha ocurrido en Colombia, y que pocos parecen haberse dado cuenta. El robo descarado que llevaron a cabo funcionarios del gobierno anterior, con mínimo de disimulo por sus intenciones, es incalculable. Han desaparecido quizás más millones de pesos que los kilómetros que nos separan de Próxima Centauri, a donde se llega después de vivir más de 80 vidas longevas.

Estos robos de dineros públicos, que no es sino el dinero que todos hemos pagado por impuestos de toda índole, el rico, el pobre, y los del medio, y a los que se acudió bajo cualquier pretexto volándose leyes como si fueran un espejismo, no pueden quedar impunes, ni manejarse con guantes de seda. Son muchos los ejemplos que flotaron en la insondable corrupción del anterior gobierno, tan poético para sus diatribas intergalácticas, pero tan disruptivo para usurpar y apropiarse a dedo el dinero del pueblo, que no podrían gastarlo ni si lo hicieran llover desde una avioneta en toda la extensión de nuestro territorio.

Pero sí se puede invertir, y esa es quizás la razón principal por la cual el gobierno del presidente De La Espriella está empeñado en hacer que paguen por sus culpas, devuelvan el dinero, y pierdan para siempre cualquier microscópico vestigio de dignidad que pudieran haber ostentado.

Porque seguramente ese dinero está escondido en algún lado, posiblemente, con la complicidad de otros gobiernos siniestros, y quién sabe si algunos bancos, que ven desfilar bolsas y valijas enteras de efectivo mientras sus ejecutivos miran para otro lado. Aunque prefiero pensar que está enterrado en alguna fosa, en algún cementerio, o en medio de la selva como lo hizo el Cartel de Medellín décadas atrás, o quizás escondido en baúles herméticos debajo del mar.

Y si nuestro aparato de fiscalización y de justicia no produce resultados pronto, ¿en qué lo van a invertir? Pues faltan solo 40 meses para que empecemos a ver ese dinero circular en medio de los dudosos, de los ignorantes, y de los escasos de memoria. Comprarán más votos, inventarán mejores sistemas para ejercer presión, y avivarán marchas de odio, todo con el propósito de volver a montarse en el bus del gobierno. Esa es su inversión.

Por eso es importante que el espejo retrovisor siga limpio en la memoria de todos, todos los días que faltan hasta las elecciones del 2030.

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