Todos los días veo en Instagram o en la calle que abren nuevos restaurantes en Barranquilla, Bogotá y en muchas otras partes de Colombia. Cada restaurante más lindo, más elegante, más único en su menú, en su decoración, ambiente y también en sus altos precios. Para mí salir a cenar es un momento donde alrededor de la mesa se habla, se generan atracciones, se discuten pensamientos e ideologías. Es en los pocos momentos en que nos sentamos a vernos las caras y realmente compartir.
Lo que ven mis ojos no es lo mismo que está reportando el PIB en Colombia. Según el último dato del segundo trimestre, en Colombia la rama de “alojamiento y servicios de comida” muestra que decreció entre un año y otro en un 4%. Y no es solo lo que yo veo: en ese mismo trimestre, los pequeños negocios de comida y alojamiento crecieron cerca de un 3%, según el DANE. ¿Cómo es posible que tanta gente se lance a abrir más restaurantes? ¿Qué está jalonando la caída del sector del 4%, si cada día me encuentro con nuevas aperturas? Esta rama del PIB agrupa toda clase de restaurantes, desde comida rápida, de manteles, corrientazos hasta fritangueras. Entonces, ¿cuáles son los que están jalonando la caída?
La caída del sector en un 4% se explica porque la gente está dejando de consumir en cualquier clase de restaurante, y esto se da porque el costo de la vida cada vez está más alto. Esto es, inflación. Cuando la inflación, el impuesto más regresivo que existe, aumenta, enseguida afecta el bolsillo de todos los colombianos. A la gente le toca escoger en qué gastar, y salir a comer fuera del hogar es de lo primero que se recorta, desde una empanada en el paradero del bus hasta una cena de cuatro tiempos. En septiembre, comer en un restaurante costaba un 9,4% más que el año anterior.
La inflación le pega a toda la cadena de los restaurantes, afecta la materia prima, los ingredientes con que preparan la comida, el costo de los arriendos de los locales, el costo de la luz. Las decisiones de política laboral que se han tomado, como la subida del salario mínimo y la reducción de horas laborales, han causado un aumento en el costo laboral; por ende, una reducción de márgenes en los negocios. Cuando un margen se reduce, pasan dos cosas: o se gana menos o se suben precios tratando de compensar la caída.
Escuché que la economía de Colombia ahora está basada en “Vivir Sabroso”: en los últimos años nos dedicamos a gastar, a consumir sin pensar en el mañana, en el ahorro, en la inversión de capital. Y la inflación no cambió esto, lo que género es que la gente escoja en que gastar. En septiembre, comer fuera de casa subió más que la inflación general. Y se nota: el gasto de los hogares en recreación y cultura creció, mientras en restaurantes y hoteles cayó. Lo que dejaron fue la mesa.
Y hay algo que casi nadie dice: siete de cada diez personas que trabajan en este sector son mujeres. Estas mujeres pueden llegar a perder sus trabajos si los restaurantes cierran o dejan de abrir. Si estás haciendo planes de abrir un restaurante —seas cocinera, inversionista de capital o soñadora—, revisa muy bien las estadísticas. La realidad de lo que está pasando no se ve con los ojos, sino con los datos. ¿Entonces por qué abren más restaurantes? ¿Con qué datos tomaron esas decisiones?

