¿Cómo lograr que niños y jóvenes se apropien de la lectura? Enseñar a nuestros niños y jóvenes a amar la lectura es una tarea que Colombia no puede aplazar. Comprender, interpretar y analizar un texto, parece cada vez más difícil. En las pruebas PISA de 2022, apenas el 49 % de los estudiantes colombianos, menores de 15 años, alcanzó el nivel básico de competencia lectora, frente al 74 % del promedio de la OCDE. No es un panorama sin remedio, pero sí una delicada señal de alarma.
Hace pocos días pregunté a 55 alumnos, quiénes habían leído 1984, de George Orwell. Apenas una estudiante conocía la obra. Después cuestioné por El mercader de Venecia, de Shakespeare: nadie lo había leído. ¿Qué está sucediendo? El consumo de contenidos breves, las redes sociales y las pantallas dispersan nuestra atención y desplazan la lectura reposada. Leer no es ver pasar palabras, como un desfile de hormigas; es descifrar sentidos, descubrir matices y aprender a pensar con criterio propio.
No está por demás relievar un punto, los profesores debemos leer. No basta con preparar clases y dominar códigos, sentencias o contenidos especializados. La literatura, la historia, la filosofía y la ética ensanchan nuestros horizontes y nos ayudan a comprender la complejidad humana. ¿Cuánto puede enseñarnos El mercader de Venecia sobre la justicia, los contratos, la discriminación y la dignidad?. Se atribuye al jurista Félix Frankfurter, un pequeño consejo para quien quiere estudiar derecho: leer mucho, especialmente literatura.
En la Universidad de Cartagena, se avanza en esa dirección. El rector, William Malkún, y la decana de la Facultad de Derecho, doctora Tatiana Díaz Ricardo y su formidable equipo de trabajo, impulsan acciones para fortalecer la formación académica: módulos de humanidades, semilleros de investigación, clubes de lectura y experiencias, con cátedras piloto- actividades adicionales calificables. Son esfuerzos que merecen la pena apropiarnos, darles su reconocimiento y su continuidad.
En El mito de Sísifo, Albert Camus, describe a un hombre que empuja una roca hasta la cima, sabiendo que volverá a caer. ¿Qué sentido tiene repetir el esfuerzo? Tal vez lo decisivo ocurre en el camino de regreso, cuando puede pensar antes de empezar de nuevo. Leer también es eso: detenerse, preguntar, disentir y encontrar sentido.
El pensamiento crítico es una forma de libertad y resistencia; para transformar el mundo, los jóvenes no necesitan armas, sino ideas, escritura, conocimiento y pensamiento crítico.
Como profesor, aporto mi pequeño grano de arena, con el club de lectura Contraviento y marea. Comenzamos con Los rebeldes, de Sándor Márai, para conversar sobre libros y descubrir otras formas de interpretar el mundo. Queremos que los jóvenes lean por su deseo, no solo por obligación o por una nota.
Nos inquieta en la actualidad la censura y cualquier intento de borrar expresiones culturales por razones ideológicas. El nombramiento del señor Alejandro Ordóñez, como ministro del interior y la “sacada” de más de 30 obras del Museo Nacional, dejan mucho que analizar, sobre el talante oscurantista y retrógrado de este Gobierno. Cuando los ideales se confrontan con razones, la sociedad se fortalece; cuando se silencian, se empobrece. Y, frente a estos signos del presente, no puedo evitar una expresión popular: este país está tomando color de hormiga.
¿Y tú, qué estás haciendo?

