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Columna

Buscando la fuente perdida

“Envidias del éxito ajeno desmontaron sigilosamente hace 115 años, la fuente cantarina. Aseguran los historiadores que, ciudades conquistadas a sangre y fuego, como Cartagena, conservan castas y odios sociales; mientras aquellas como Barranquilla, fundadas pacíficamente, tienden a convivir en democracia”.

HENRY VERGARA SAGBINI

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Desde cuando escuché de mis abuelos maternos la desaparición de la fuente sirio - libanesa donada a Cartagena de Indias durante la conmemoración del primer centenario de haberse independizado de España (noviembre 11 de 1811), fuente cantarina fabricada en talleres de Italia, finísimo mármol de Carrara, bordes de bronce, entregada a la Ciudad Heroica en agradecimiento de familias sirio-libanesas por abrirles sus puertas, tejiendo nidos y trabajo honesto, busco la fuente perdida.

Envidias del éxito ajeno desmontaron sigilosamente hace 115 años, la fuente cantarina. Aseguran los historiadores que, ciudades conquistadas a sangre y fuego, como Cartagena, conservan castas y odios sociales; mientras aquellas como Barranquilla, fundadas pacíficamente, tienden a convivir en democracia. Los indicadores sociales de Cartagena, desde tiempos inmemoriales, son dolorosos, remanentes de cruel esclavitud, odios y venganzas ancestrales.

En Cartagena sobreviven rezagos de esclavitud, jerarquías sociales y profundas desigualdades económicas generadoras de violencia, evidente o silenciosa, por lo que cada 11 de noviembre, poco o nada interesan tragedias nacionales, próceres independentistas, desfiles, comparsas y reinados en una ciudad profundamente inequitativa donde ya no desembarcan negros capturados en el Congo, Angola o Guinea, camino a la subasta; pero sí niños y jóvenes humildes ofrecidos sexualmente al postor de chequeras preñadas y funcionarios que miran para otro lado, mientras marchitan ideales de equidad, dignidad y libertad, conquistados a sangre y fuego.

¿Qué sentido tiene celebrar pomposamente la Independencia de Cartagena rodeados de pobreza y miseria? Ciudad excluyente, de luto invisible, que engendra odios y violencia germinados en cordones de miseria, donde cada amanecer es una proeza y la dignidad humana no se recupera con disfraces, reinados y obras materiales, solo con justicia social, esa por la que lucharon los hermanos Gutiérrez de Piñeres desde sus invictas trincheras del barrio Getsemaní, exigiendo soluciones que erradicaran la exclusión social.

Los descendientes de familias sirio-libanesas aún preguntamos por la fuente cantarina ubicada cerca al Centro Histórico de Cartagena, durante el primer centenario de independencia, reconocimiento sirio-libanés de todo el país.

115 años después nadie responde por aquel monumento financiado por la pacífica y laboriosa colonia sirio-libanesa en el primer centenario de su independencia; su paradero es un misterio.

Demetrio Sáer, connotado representante de la colonia sirio-libanesa, asegura que agotaron todos los recursos para localizarla e intentaron contratar al oficial del ejercito británico, Percy Harrinson Fawcett, inspirador de ‘Indiana Jones’. Pero Demetrio jamás se rinde: “Si volvemos a brindarle a Cartagena homenaje de agradecimiento, el camino es la educación de calidad con bata del Buen Samaritano, y como asegura Antoine de Saint, autor de El Principito: “Lo esencial es invisible” y no lo podrán descuartizar, agregó Demetrio.

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