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Columna

Tradición, memoria e identidad

“Si no avanzamos estos días en la construcción de un nuevo ciudadano cartagenero más responsable y consciente de sus deberes y obligaciones, no veo cuando se pueda lograr”.

RAÚL PANIAGUA BEDOYA

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El próximo 1 de noviembre empiezan 3 meses y 2 días más de un amplio contenido de manifestaciones donde se expresan, como casi nunca en el resto del año, un valioso conjunto de tradiciones ligadas a los más sólidos referentes del ser cartagenero, pero que además son la exposición de la memoria y de la historia que nos confiere identidad, sentido de pertenencia y autoestima como sociedad. Solo que hasta hoy no ha sido clara o consistente la labor de fortalecer esos sentimientos y menos aún, que ellos sean fuente de construcción o fortalecimiento de ciudadanía.

Las manifestaciones que hoy hacen parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, se remontan a procesos de asentamiento, mestizaje y relacionamiento de poblaciones específicas en la ciudad, como es el caso de la construcción de Getsemaní como comunidad, de la resistencia de los afrodescendientes expresada en la perpetuación de sus imaginarios culturales, de su música, de sus formas de expresión, relaciones y simbologías sintetizadas en la Champeta. Las Fiestas de Noviembre, si bien hacen alusión al proceso de independencia de 1811, también es cierto que retoman expresiones desde mucho antes de esta fecha y recogen prácticas de poblaciones ribereñas del Río Magdalena, resultado de las formas como los españoles se adentraron y violentaron algunas poblaciones. El caso más representativo lo tenemos en las Farotas de Talaigua. Ángeles Somos, como rito de origen católico, recibió el aporte de tradiciones de nuestras poblaciones indígenas, así como de los esclavizados que la hicieron una fiesta única, que se asentó en la memoria cultural de la ciudad.

El próximo domingo celebramos Ángeles Somos, que deberíamos tomarlo para empezar la construcción de un nuevo ciudadano, partiendo del conjunto de valores que esta representa. En estos meses se plasman otros ritos y celebraciones como es todo lo que ocurre alrededor del 7 y 8 de diciembre, la Navidad y sus novenas, que son el momento de la reunión familiar alrededor del pastel, luego con las Fiestas de la Candelaria viene ese despliegue de creatividad culinaria con los fritos, la música sabanera y las expresiones devocionales alrededor de la Virgen de la Candelaria.

Estamos ante meses de una enorme muestra de la vitalidad de un pueblo, de la alegría como su dimensión más elaborada de la vida, del encuentro alrededor de la fiesta y de la comida. Un pueblo pacífico, que se extrovierte fácilmente y que puede convivir y relacionarse sin complicaciones con todo el que se encuentra. Este podría ser el punto de partida para aprovechar estos meses y propiciar cambios de patrones culturales, de nuevos comportamientos en las relaciones con los bienes públicos, con los vecinos y con la ciudad. Si no avanzamos estos días en la construcción de un nuevo ciudadano cartagenero más responsable y consciente de sus deberes y obligaciones, no veo cuando se pueda lograr.

*Sociólogo.

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