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Columna

Lucha contra la pobreza

“Las cifras de 2025 ofrecen una buena noticia, pero no podemos dejar de preguntarnos: ¿qué podemos seguir haciendo como ciudad para que salir de la pobreza no sea una excepción, sino una posibilidad real para quienes hoy siguen viviendo en ella?”.

Javier Ramos Zambrano

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Hay cifras que merecen celebrarse, pero también examinarse con cuidado. En Cartagena, la pobreza monetaria moderada pasó de 41,1% en 2024 a 34,6% en 2025, y la extrema, de 13,2% a 9,3%. Son reducciones importantes para miles de personas. Sin embargo, la ciudad sigue por encima del promedio de las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas, donde la pobreza moderada fue de 20,6%.

Un estudio del Instituto IDEEAS de la Universidad Tecnológica de Bolívar y Cartagena Cómo Vamos señala que la reducción estuvo asociada al crecimiento de los ingresos laborales y a una mejor distribución del ingreso.

No se trató solo de que los hogares recibieran más dinero, sino de que los ingresos de los hogares de menores recursos crecieron proporcionalmente más. De los 6,44 puntos porcentuales que cayó la pobreza moderada, la redistribución aportó 4,87 y el crecimiento del ingreso medio, 3,37, mientras el aumento de la línea de pobreza restó 1,80. El ingreso del 10% más pobre creció 34,8%, cifra que el propio estudio pide leer con cautela por cambios en el ingreso imputado por el DANE.

Los subsidios contribuyeron menos (0,8 puntos porcentuales) que el ingreso laboral. El coeficiente de Gini pasó de 0,525 a 0,486, la mayor reducción entre las 23 ciudades capitales. Es una señal positiva, pero no significa que Cartagena haya dejado de ser una ciudad desigual.

Aquí aparecen contradicciones que merecen atención, porque mientras mejoraron los ingresos, la informalidad laboral, medida por la no cotización a pensión, aumentó de 55,5% a 56,7%. El ingreso laboral creció prácticamente al mismo ritmo entre formales e informales (12,4% y 12,5%): el aumento de los ingresos no estuvo acompañado de una mejora en la formalización laboral.

Eso sí, persisten brechas difíciles de ignorar, por ejemplo, el 48,3% de los menores de 15 años vivía en hogares en condición de pobreza monetaria, el doble de lo registrado entre los mayores de 60 años (24%). La tasa entre las mujeres (36,3%) supera la de los hombres (33,1%).

Ahora bien, la discusión no debería agotarse en celebrar que la pobreza bajó, ni en desconocer una mejoría que merece reconocimiento. El desafío es entender qué permitió ese avance y cómo sostenerlo.

Más de uno de cada tres cartageneros sigue en pobreza monetaria, es decir, la lucha debe seguir: Cartagena necesita que el crecimiento de los ingresos se traduzca en mejores empleos, mayor formalización, oportunidades para los jóvenes y condiciones dignas para los hogares vulnerables.

Las cifras de 2025 ofrecen una buena noticia, pero no podemos dejar de preguntarnos: ¿qué podemos seguir haciendo como ciudad para que salir de la pobreza no sea una excepción, sino una posibilidad real para quienes hoy siguen viviendo en ella?

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