Los Corales de Varadero, en la bahía de Cartagena, siguen demostrando su resiliencia climática e importancia para la ciudad. Se trata de un ecosistema único que ha logrado desarrollarse aún en condiciones adversas y que cumple un rol fundamental al ser fuente de vida y protección.
Es por eso que en los últimos años han surgido diferentes iniciativas que buscan conservarlo. Una de ellas es impulsada por el Instituto de Ambiente de Estocolmo (SEI por sus siglas en inglés), que hace presencia en la zona a través de la fundación Corales de Paz. Lea también: Varadero, rumbo a convertirse en zona de preservación a través del POT
Con ella se han logrado instalar más de 300 estrellas de arrecife en Varadero, un mecanismo para contribuir a la restauración del ecosistema. La tasa de supervivencia de los corales trasplantados es cercana al 90%, lo que evidencia una vez más su resiliencia y su capacidad para resistir a los eventos climáticos que se han presentado en la ciudad en los últimos meses.
Esta acción hace parte del proyecto “Costas resilientes en el mar Caribe”, financiado por la Fundación Lotería de Códigos Postales de Suecia, a través del cual también se han capacitado a habitantes de las comunidades locales como buzos para monitorear el arrecife.

Corales de Varadero, un laboratorio vivo en el Caribe
Lucía Licero, investigadora asociada del equipo de Agua de SEI Latinoamérica, explica que esta iniciativa en Varadero se desarrolla a través de un enfoque denominado “Laboratorios vivos”, que consiste en un esquema de creación colectiva que combina soluciones basadas en naturaleza, finanzas para el clima y acción comunitaria.
Bajo ese enfoque se han desarrollado las acciones de restauración de corales mediante la instalación de las estrellas de arrecifes y también de trabajo con la comunidad, identificando medios de vida para conectar oportunidades de empleo con la conservación del ecosistema. Lea también: Corales de Varadero: urgen declararlos área protegida en Cartagena
“Identificamos la necesidad de ir generando unas capacidades locales en la comunidad de Bocachica, principalmente para que fueran los primeros respondientes del ecosistema y para generar empleo local. En ese sentido, formamos buzos certificados con entrenamiento en monitoreo de arrecifes y ciencia ciudadana”, explicó.

Tras dos años de implementación, el proyecto ya ha dado resultados positivos, comenzando por la resiliencia que ha demostrado el ecosistema y la respuesta que ha tenido la comunidad para participar en el proyecto.
“Los corales que sembramos son muy pequeños, pero han sobrevivido al frente frío, están sobreviviendo a El Niño y eso es un faro de esperanza para la comunidad, porque estos son los corales que a futuro los van a proteger y les van a brindar recursos, tanto en oferta turística como en la pesca”, expresó.
Es por eso que el trabajo alrededor de este proyecto se ha dado de manera interdisciplinar, incluso en articulación con entidades como la Secretaría de Turismo y la Escuela Taller Cartagena de Indias, con el ánimo de promover medios de vida sostenibles en la comunidad a través de este ecosistema.
“Esto muestra cómo podemos generar unos espacios de cocreación interesantes entre la investigación y las comunidades y demostrar que la conservación sí se puede hacer de la mano con ellas”, manifestó Licero.

¿Qué sigue para Corales de Varadero?
Luego de implementar el esquema de “Laboratorios vivos” en Varadero y corroborar que funciona con las comunidades de la bahía de Cartagena, lo que sigue es fortalecer y consolidar este esquema, con miras a replicarlo en otros sitios potenciales de la región del Gran Caribe.
En Colombia, el proyecto solo se está implementando en Varadero; mientras que en República Dominicana se están adelantando actividades con organizaciones locales para la restauración de manglares hipersalinizados.
Varadero fue escogido como pionero de esta iniciativa en el país no solo por su importancia para la bahía de Cartagena, sino por esa relación que ya guardaba con la comunidad y que lo convertía en un socioecosistema de gran valor para el Caribe.
Es por eso que se busca continuar este trabajo que ya ha demostrado su resiliencia tanto a nivel ambiental como social, con el fin de garantizar la conservación del ecosistema y la sostenibilidad de las comunidades a su alrededor.
