Columna

España: el populismo mata

“Incapaz de ofrecer un discurso socialdemócrata atractivo y ante el crecimiento de la izquierda populista...”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

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Llevo diez años estudiando el populismo y sus efectos en la organización constitucional de los países. Para mi tristeza, España se ha convertido en ejemplo de deriva populista. Deriva que no ha supuesto la llegada al poder de un partido abiertamente populista, sino la transformación de un partido antes comprometido con el Constitucionalismo en un partido populista. Así ha sucedido con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde que se apoderó de él su actual secretario general y presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.

Incapaz de ofrecer un discurso socialdemócrata atractivo y ante el crecimiento de la izquierda populista, este señor ha pasado los últimos ocho años convirtiendo su partido en adalid de las ideas que esa izquierda populista defendía antes de que él la fagocitase: una sociedad dividida en dos grupos irreconciliables, enfrentados e incapaces de llegar a acuerdos transversales, de uno de los cuales el partido populista es el defensor. Esto ha llevado a que lenta pero firmemente la política española haya abandonado los valores del Constitucionalismo para convertirse en lo que es hoy en día. Un país en el que llevamos cuatro años sin presupuestos generales del Estado, en el que la colonización populista de las instituciones del Estado se realiza de modo sistemático (ejemplo, el Tribunal Constitucional) y en el que los gobernantes abandonan la labor de gobierno para construir una sociedad clientelar, dependiente de la subvención pública y lobomotizada en la creencia impuesta de que hay que erigir un muro frente a todo aquel que no piense como el gobierno, el cual, se nos dice, vive perseguido por poderes fácticos que quieren destruir al presidente y a su familia.

Esta forma de gobernar lleva a que el ministro encargado de los ferrocarriles estuviese tuiteando contra la oposición mientras un tren de alta velocidad chocaba la semana pasada con otro matando a más de 70 personas. Sin presupuestos aprobados para mantener las infraestructuras, con el gasto público dedicado a comprar votos mediante subsidios y con un gobierno entregado a la propaganda populista y a enfrentar a los españoles, ¿qué se podía esperar?

Este accidente sucede a otros muchos episodios luctuosos que en los últimos años azotan a España y frente a los cuales el gobierno es incompetente para hacer nada, porque lo único para lo que sirve es para parasitar el poder. El populismo no es una ideología inocente. El populismo mata, y más que matará si no lo impedimos.

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