Columna


Animales y dioses

LUIS CARLOS DÍAZ

28 de enero de 2022 12:00 AM

En Cartagena mucho es el descontento que se genera entre turistas y locales por el maltrato a los caballos que tiran de los coches en el Centro Histórico.

La tradición, mágica para algunos, consiste en circular en calesas por el fascinante y misterioso Corralito de Piedra mientras se escuchan las historias detrás del nombre de cada calle y cada plaza que se transita. La guía es la de un cochero que tira de las riendas que dirigen los movimientos del caballo, como si se tratara de personificar a Helios, dios de la mitología griega.

Lo asombroso y encantador de cada recorrido acaba cuando posamos la mirada sobre el animal que ha tirado toda la noche del que creemos es un majestuoso carruaje. Con el propósito de no ensuciar las calles con sus heces y orines, con frecuencia los caballos son sometidos a largas jornadas de poco alimento y agua. El resultado es apenas obvio: los rumiantes lucen agotados, enfermos, con el costillar a flor de piel y con poca o ninguna vigorosidad.

Detrás de cada paseo se esconde la triste realidad de un animal que carga con la dura responsabilidad de cumplir con su deber mientras usa la poca fuerza que le queda para mantenerse en pie. Algunos languidecen al extremo, otros han muerto luego de tanto luchar.

El turismo no debe ser un aliado del maltrato animal. Varios esfuerzos a nivel local se han implementado para tal fin. En su defensa, los cocheros declaran que desde hace más de una década se han venido realizando esfuerzos enfocados hacia el cuidado y bienestar de los equinos.

En conjunto con la Administración Distrital y la Umata, se han revisado y ejecutado acciones atinentes a horarios de circulación, rediseños de los coches, evaluaciones físicas, médicas y nutricionales de los caballos, y otras más.

Sin embargo, este esfuerzo no parece ser suficiente.

De nuevo, la experiencia internacional algo nos puede enseñar. Por ejemplo, en Petra, el principal sitio turístico de Jordania, los camellos, caballos y burros fueron reemplazados por autos eléctricos tipo buggy. También en las calles de la Ciudad Colonial de Santo Domingo la tracción animal es cosa del pasado. Luego de haber sido capacitados, los antiguos cocheros de la capital de la República Dominicana circulan ahora en carruajes impulsados por un motor eléctrico no contaminante.

No juguemos a ser dioses creyendo que tenemos la potestad de disponer del bienestar y de la vida de estos equinos. No son pocas las soluciones que pueden dar paso a un turismo sostenible, amigable con el medioambiente y libre de maltrato animal.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de la Escuela de Negocios y

del IDEEAS, UTB.

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