Columna


Belisario, polígamo

“Por un verso cojo contra el profesor de latín, Bélico fue expulsado del seminario de Yarumal”.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ G.

22 de diciembre de 2018 12:00 AM

Para ser felices hay que tener una buena mujer y una buena exmujer. Dicen. Esta “ecuación” se cumplió en el caso del expresidente Betancur.

Abrió plaza casándose con doña Rosa Elena Álvarez, nacida cerca del parque de Belén. No era propiamente un Adonis el arrancado (desplatado) hombre fuerte de Amagá, pero como Dios aprieta pero no ahorca, lo dotó de una labia fenomenal.

En la encaletada y sustanciosa entrevista con Martha Ortiz, directora del El Colombiano, BB se declaró ducho en lealtades y les dio crédito a su primera dama y a la segunda, Dalita, la hermana veneca que invadió el Golfo de Coquivacoa de su viudo corazón.

El latín puso a Belisario en el camino de doña Rosa Elena. Por un verso cojo contra el profesor de latín, Bélico fue expulsado del seminario de Yarumal.

El verso que alejó a BB del papado y lo acercó a la presidencia lo recitó el Nobel García Márquez en un acto en honor de Belisario en la Casa de Poesía Silva: “Señor, te rogamos sin fin, que caigan rayos de mierda, al profesor de latín”.

El rector, Aníbal Muñoz, lo puso de patitas en la calle. Como BB siempre caía parado como los gatos, lo esperaba la facultad de Derecho de la UPB.

Mujer definitiva para BB fue Rosario Rivera, la maestra que le enseñó a leer. A ella pensaba dedicarle sus memorias. Pero el Nobel Albert Camus, con quien se encontró en París, le contó que el premio se lo había dedicado precisamente a su maestra de primaria.

Alegando que la dedicatoria que tenía pensada no sería original, BB desistió de escribirla. A lo mejor en algún recoveco del computador duerman esas necesarias memorias.

Cerca de la sede presidencial vivió su amor platónico: Elvira Silva, hermana del poeta José (Presunción) Asunción. ¿Otro amor imposible? Margarita Gautier, La dama de las camelias. Uno más: la reina del ajedrez que jugaba – precariamente- contra María Cano, La Flor del Trabajo.

Su mejor interlocutora fue María Mercedes Carranza, directora de la Casa de Poesía Silva. Ella lo presentó en la sociedad de los poetas vivos cuando Belisario salió del clóset y se declaró versificador.

Dueño de la nómina llenó los viceministerios de “dulces enemigas”. A Noemí Sanín la nombró titular de comunicaciones.

Ejerció de casamentero. Cuando enviudó su padre, don Rosendo, se dedicó a conseguirle pareja. La encontró en Elvia Sánchez, prima de doña Otilia Cuartas, su madre. BB inventaba cartas del novio para la novia. Y al revés. El epistolario se volvió epístola de Pablo.

Tuvo traga mística, Santa Teresa de Jesús, de la que habló en un seminario en la UPB. Alternó con el padre Hernando Uribe.

Su nieta Paula lo despidió con un bello obituario. Sus bisnietas Lucía, Raquel y Eloísa perdieron un espléndido cuentacuentos en este polígamo que les guardó fidelidad a todas sus mujeres.

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