Una característica de las economías en desarrollo es la presencia de bonanzas como fruto del aumento en las exportaciones de recursos naturales. Colombia no es la excepción, ya que hemos experimentado algunas bonanzas por el buen comportamiento de algunos recursos naturales renovables y no renovables. Cuantificar los ingresos extras generados y cómo se gastaron puede arrojar lecciones importantes para el manejo de las bonanzas en el país. Vale la pena señalar algunos de los principales resultados de un trabajo del Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER) sobre el tema.
Para Colombia, las bonanzas identificadas se dieron entre 1975 y 1980 en el sector de alimentos (café) y entre 2008 y 2016 en el de combustibles (petróleo), donde esta última originó los mayores recursos para la economía. La bonanza petrolera generó ingresos adicionales que fueron más de cinco veces que los de la bonanza cafetera. El resultado se explica porque el periodo de la bonanza petrolera fue más largo y el incremento anual del monto fue más del doble que en la bonanza cafetera.
Al comparar a Colombia con los países suramericanos, el estudio encontró que en todos los países se presentó al menos una bonanza a partir de los años 60. En el sector de alimentos es donde se presentó el mayor número de auges económicos en el periodo, seguido por el de minerales, combustibles y el de materias primas agrícolas. En cuanto a los países, Bolivia, Chile, Perú y Uruguay son los que registraron más bonazas. Aunque en Colombia solo se experimentaron dos durante este periodo, su duración promedio fue similar a la registrada en la región.
En cuanto al gasto ejecutado durante la bonanza petrolera, el estudio encuentra que existe un cambio de tendencia en la inversión pública nacional. Se observa que la inversión pública total durante la bonanza petrolera fue anualmente superior en 1,4 puntos porcentuales del PIB con respecto al periodo previo donde no hubo bonanza. Los sectores de inclusión social, transporte y salud fueron los más beneficiados. Como porcentaje del PIB, la inversión pública tuvo un aumento importante al pasar del 4,87 % en 2007 al 6,14 % en 2013.
La importancia de estos resultados se centra en que la política económica y las herramientas fiscales deben ajustarse a la cantidad de ingresos adicionales. Para lograr la mayor eficiencia posible se debe conocer qué tipo de políticas funcionaron para qué tipo y qué magnitud de bonanzas. Adoptar estrategias contra cíclicas sigue siendo una tarea pendiente en Colombia, especialmente cuando existen indicios de un nuevo auge en precios de bienes primarios.
