Breve historia de las comunicaciones

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Nuestros relativos prehistóricos eran fuertes, ágiles e inteligentes. Esta última característica siendo, el factor definitivo que nos permitió escalar a la cima de la cadena alimenticia y moldeó la evolución que nos llevó a nuestros días como especie humana. Aunque éramos más inteligentes que otros animales, nos tomó algunos millones de años comprender que tal vez era mejor organizar nuestras comunicaciones en un sistema que nos permitiera ser más efectivos en la supervivencia.

En sus formas más primitivas, los humanos nos comunicábamos a través de pictogramas como los dibujos de animales en las cavernas y las historias que nos cuentan a través de las paredes en las pirámides de Egipto. Sin embargo, los símbolos de un pictograma siempre fueron limitados. Después de algunas generaciones, los antiguos griegos inventaron el primer alfabeto y desde ahí empezamos un meteórico ascenso hacia el refinamiento de nuestras comunicaciones. Por mucho tiempo estas comunicaciones estaban limitadas al formato escrito usando tintas, papiros y una amplia variedad de materiales que permitían plasmar ideas, conceptos, historias y legados en formatos más duraderos que la tergiversable tradición oral. Ese siempre fue el objetivo: transmitir la información de generación en generación con la mayor fidelidad posible a la realidad.

Entre 1441 y 1445 Johannes Gutemberng “inventó” la imprenta. Eso dicen los libros de historia a pesar de que durante el reino de Chingli (1041–1048) Bi Shen, un chino de posición desconocida, desarrolló el primer tipógrafo móvil e intercambiable con algo de plastilina pegajosa, resina, cera y platinas de hierro. Para ser justos fue en Alemania donde se popularizó y propagó el uso mundial de esta máquina que usaba papel, tinta y letras intercambiables. Fue aquí donde se inició lo que conocemos como la distribución de textos estandarizados o libros. Al invento de las máquinas de escribir se le atribuye una variedad de inventores porque los historiadores contaron al menos 50 prototipos antes de que William Austin Burt la patentara en 1829.

Por los mismos años, un norteamericano pasó de ser pintor a un inventor cuando su esposa murió muchos días antes de que él llegara a enterarse. Esta situación le hizo darse cuenta de que los métodos de comunicación no eran tan veloces y por ello desarrolló el telégrafo que tenía su propio lenguaje bautizado bajo su nombre: (Samuel) Morse.

Luego vino una pelea al nivel del tercer encuentro entre Muhammad Ali y Joe Frazier (¿Qué habría pasado si Eddie Futch no hubiese tirado la toalla?) en el terreno de las invenciones y la innovación. Alexander Graham Bell y Elisha Gray se disputaron la creación del teléfono. Bell fue declarado vencedor a pesar de que Gray lo derrotara en la oficina de patentes.

Nikola Tesla y Guillermo Marconi también se disputaron la invención de la radio, aunque el primero se llevó el reconocimiento popular y Marconi el Premio Nobel. Luego de que nos dimos cuenta de que podíamos transmitir sonidos de forma inalámbrica, hicimos lo mismo con las imágenes. Esto llevó al boom de la televisión en 1950. El teléfono también mejoró sus velocidades y efectividad llevando a la creación de cables de fibra óptica para teléfonos con diales e inalámbricos en 1980. Miles de tubos al vacío después, las comunicaciones se concentraron en las ya desarrolladas computadoras de DARPA transmitiendo señales binarias (unos y ceros) a través de circuitos y microprocesadores hechos de silicio. Las computadoras personales se tomaron el mundo en los ochentas y con ellas el famoso internet. En los noventas, el Internet dejo de ser exclusivo del gobierno norteamericano y ruso, y su uso se extendió de manera comercial para la navegación web. Todo esto desembocó en el desarrollo de herramientas digitales como el correo electrónico, las páginas web y más recientemente la mensajería instantánea.

Con el desarrollo de las tecnologías de Internet 3G, 4G y el inminente 5G trascendimos del escritorio y llevamos internet a celulares, tabletas, relojes, carros, altavoces y hasta nuestra ropa. Ahora podemos comunicarnos casi que, a la velocidad de la luz, desde cualquier lugar y momento del planeta... incluso a través de otras ubicaciones en nuestro sistema solar.

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