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Las notificaciones estaban gobernando mi vida y apuesto que en este momento están gobernando la tuya. Sé que el titular de esta columna puede ser escandaloso y hasta puede sonar como el predicamento de un Diógenes moderno gritando virtudes desde el barril de su teclado.

Aunque en cierta manera podría decirse que soy un cínico (considerando lo entusiasta que soy por la tecnología) siempre he considerado que los puntos de vista extremos son un intento vano por desconocer posturas “grises” que son tan reales como la cantidad de matices que un color puede tener al momento de ser percibido por tu cerebro. Es por lo que muchas veces puedo parecer contradictorio, especialmente en este tema que estoy abordando si consideramos mi ligereza de atención, perfecta para este mundo inundado de notificaciones y avisos emergentes.

Superficialmente puede parecer una gran ayuda que el celular me esté bombardeando de notificaciones para centrar mi atención en un solo tema. El problema es que esas notificaciones no son realmente importantes y más bien generan el efecto contrario en una cabeza que lucha por consolidar ideas lo más rápido posible porque ya se ha vuelto recurrente preguntarme “¿Qué carajos era lo que iba a hacer?”, después de que el celular me avisara que mi youtuber favorito había subido un nuevo video.

He presenciado con alegría cómo en los últimos años ha surgido un llamado cada vez más fuerte para una reevaluación de la relación entre humanos y celulares. El llamado “bienestar digital” es una opción de las configuraciones que ahora están disponibles en cualquier celular y con las que en este momento hago un fuerte llamado a que las exploren.

Los teléfonos traen muchos beneficios, pero a cambio toman el control de nuestros ojos, oídos y pensamientos, creando problemas reales y serios. “Sé cuándo le quito [tecnología] a mis hijos lo que sucede”, dijo Tony Fadell, ex vicepresidente senior de Apple que ayudó a inventar el iPod y el iPhone, en una entrevista. “Literalmente sienten que les arrancan pedazo de su persona. Se resienten al respecto, se ponen bastante emocionales. Se apartan durante dos o tres días”. Si dudas de estas declaraciones solo debes quitarle el celular a cualquier niño que esté jugando o viendo un video en Youtube en este momento. A menos que lo hayan educado muy bien, puede que ya anticipes el infierno que se desatará.

Volviendo a las notificaciones, quiero invitarte a que las desactives (y me refiero a todas, exceptuando las de la aplicación de llamadas porque las verdaderas urgencias llegan por ahí). Será un gran avance para el desarrollo de tu atención y la consolidación de conocimientos en tu cerebro (aspecto vital e importante de nuestra inteligencia). Debo advertirles que al principio será complicado, pero les prometo que si persisten por al menos una semana notarán el cambio y mejorarán su productividad y atención. Puedo dar fe de ello porque hace más de 4 meses que lo hice y los resultados han sido tan buenos que decidí abrir esta columna semanal debido a la cantidad de temas que siempre se me quedan en el tintero.

El síndrome de abstinencia atacará de inmediato y en un intento desesperado del cerebro por recibir las dosis de placer que generaba cada “ding” del celular, te repetirás internamente la falacia de que el mundo se acabará si no revisas tus aplicaciones cada cinco segundos. Me dirás en este momento que muchas de las cosas que haces en tu trabajo tienen que ver con tu celular y puede que tengas razón, pero definitivamente no necesitas las notificaciones, especialmente si sabes utilizar herramientas como Whatsapp Web, Slack, Trello, entre otras. Por el amor de Dios, si tienes tu correo del trabajo o cuentas laborales vinculadas a tu teléfono personal, no sé que estás esperando para desvincularlas. No le hagas ese daño a tu familia y amigos.

Por otra parte, si tienes la opción, es muy bueno que separes tu vida laboral de la personal. Si lo vas a hacer o si actualmente ya tienes un dispositivo personal y otro laboral, deja este último en la oficina.

Como diría un narrador de fútbol colombiano: ¡Tú... tranquilo! porque una vez termines tus tareas, el video de Yuranis León, la notificación de esa persona que apenas conoces en Facebook, las cadenas de Whatsapp, la última foto sexy de [inserte aquí el nombre de su figura pública intencionalmente polémica], la serie de Netflix, la noticia del día y el trino ganador del día, estarán ahí esperándote.

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