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Columna

Desigualdad de género

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El pasado 8 de marzo fue una fecha especial: en el mundo se conmemora el Día de la Mujer como un reconocimiento a la constante lucha por su participación igualitaria en la sociedad.

Los abrazos y felicitaciones a familiares, amigas y colegas ocupan la atención de todos a lo largo del día. Sin embargo, no todo es color de rosa.

A pesar de los avances que la sociedad ha mostrado en la reducción de la desigualdad en la historia reciente, aún queda mucho por hacer. Por ejemplo, según el Banco Mundial “las mujeres no solo tienen menos posibilidades que los hombres de participar en el mercado laboral, sino que, cuando lo hacen, es más probable que realicen trabajos [...] con salarios más bajos”. A estas brechas en la participación y de ingresos se suma la desigualdad de género presente en la inactividad y la informalidad del empleo.

Como si esto fuera poco, en 2020 dimos algunos pasos atrás en el camino hacia la igualdad y la equidad: las desventajas que tienen las mujeres frente a los hombres en las diversas dimensiones del mercado laboral se acentuaron con la llegada de la COVID-19.

Atacar este problema no es una tarea que debe reposar solo sobre los hombros de las propias mujeres. Su lucha ha sido incansable, pertinente, obstinada y objetiva. Pero es hora de que la sociedad les extienda una mano.

Las formas de proceder no son pocas. Reconociendo la importancia de una educación y capacitación equitativas, el propio Banco Mundial dio a conocer una lista de los destinos que deben tener las inversiones en los procesos de aprendizaje si nuestro propósito es reducir las brechas de género: 1) infraestructura de aprendizaje electrónico; 2) habilidades digitales (relacionadas con el área STEM) y socioemocionales; 3) contenidos que promuevan la inclusión social; 4) servicios de cuidado infantil proporcionados por el empleador en el lugar de trabajo y desarrollo y educación en la primera infancia; 5) programas de empleo y estudio sobre el desarrollo de habilidades de formación; y 6) fomento del financiamiento innovador a la luz de nuevas coaliciones y compromisos entre los sectores público y privado.

Esta apuesta, vinculada íntimamente con la formación y la educación de las mujeres, busca que la balanza de oportunidades esté más equilibrada. Algo no estamos haciendo bien si hoy día sigue siendo cierto que la participación de las niñas en los programas de formación profesional es menor que la de los niños.

La lucha por cerrar las brechas de género nos compete a todos; y, aunque no deja de ser un buen gesto, regalar un beso y un abrazo cada 8 de marzo no será suficiente.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de la Escuela de Negocios y del IDEEAS, UTB.

“La lucha por cerrar las brechas de género nos compete a todos; y, aunque no deja de ser un buen gesto, regalar un beso y un abrazo...”.

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