¿Dónde está la autoridad?

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Cumplir con su deber parece una tarea ardua para las autoridades en Cartagena. Varios de los múltiples problemas de tránsito e inseguridad de la ciudad les están quedando grandes.

Basta con transitar por la avenida Luis Carlos López, frente a la India Catalina, o por la avenida Pedro de Heredia, a la altura del mercado de Bazurto, para observar la fila de motociclistas parqueados junto a la acera. Además de obstaculizar el paso de peatones y vehículos por estas zonas, estos ávidos conductores prestan un servicio de transporte ilegal: el mototaxismo. Es desconcertante ver que muchas veces lo hacen en las narices de un policía de Tránsito.

¿Cuál, entonces, es la función de este policía? ¡No importa! Al final los motociclistas saldrán bien librados porque el agente se hace el de la vista gorda, permitiendo que parqueen en una zona prohibida, que lleven a cabo actividades ilegales de tránsito y transporte, y que congestionen la vía circulando en días de pico y placa.

Este problema se extiende a muchos otros. El más reprochable, quizás, es cuando volverse “ciego, sordo y mudo”, como el título de la canción de Shakira, es el común denominador de la Policía metropolitana. Muchos de los ciudadanos percibimos que pedir el apoyo de esta entidad después de ser víctima de un robo es una labor infructuosa: luego de múltiples llamadas y solicitudes, y de horas de espera, es necesario acudir a la fe para pensar que la patrulla acudirá al lugar de los hechos. Parece que esta institución tuviera oídos sordos ante las denuncias de la comunidad.

Según el Centro de Observación y Seguimiento del Delito (Cosed), la cantidad anual de hurtos a personas en la ciudad no ha sido inferior a mil en los últimos 10 años. Esta cantidad corresponde al número de casos denunciados, por lo que el valor total puede ser mucho mayor. A estos, además, se les deben sumar los hurtos a comercios, vehículos, y residencias. La pregunta que surge es: en este caso, ¿la causa del problema estará en la capacidad de cobertura que tienen los recursos (físicos y de pie de fuerza) de la Policía, o, por el contrario, a la falta de compromiso por la seguridad de los ciudadanos?

Cualquiera que sea la respuesta, el resultado es que los cartageneros sentimos desesperanza para solucionar nuestros problemas de movilidad y seguridad.

El primer paso para conseguir solucionar estos problemas comienza por exigir, como ciudadanía, una mayor rendición de cuentas al Gobierno. Deberíamos preguntarnos “¿dónde están las autoridades?” y no perder el sentido de la indignación nunca, por muy desesperanzadora que sea la situación.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor de la Facultad de Economía y Negocios, UTB

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