Hasta mañana

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A partir de mañana asumo la dirección de El Universal. Semejante honor. ¡Solo Dios, a quien me encomiendo, sabe si realmente tengo los méritos y la capacidad para ello!

Una pregunta clave que me hizo mi hija mayor en torno de las razones para “complicarme la vida” con semejante responsabilidad, que se suma a las propias del ejercicio de mi profesión y a las demás dimensiones que me son caras, es para qué aceptar semejante cargo en momentos en que mi vida pasa por la relativa calma que dan los años vividos, la profesión controlada, los amores diáfanos, los amigos del alma y los placeres calmos. La respuesta resulta muy sencilla para quien sabe que solo una motivación noble justifica llevar a un hombre a remover sus zonas de confort: ¡servir; dar más; darse!

Cartagena de nuestros amores necesita que cada uno de nosotros dé más de sí; que cada uno de nosotros dé lo mejor de sí. Y en esa altura de miras, ver con claridad que no es posible procurar para los propios una vida decente, holgada y llena de bienestar, si quienes nos rodean pasan penurias, sufren en el abandono, en el desprecio del Estado, víctimas de la cultura del descarte, con una sobrevivencia angustiante tanto por la pobreza material como por la espiritual.

Cartagena está enferma y nosotros somos los órganos internos que acusamos sus dolores, por acción, por omisión, por complicidad, por complacencia, por intolerancia, por mezquindad, por avaricia. Pero también somos sus médicos: en nosotros están los tratamientos y las soluciones.

Si cada cual hace lo que debe, lo que corresponde, lo correcto, como muchísimos cartageneros lo están haciendo, sumaremos una fuerza poderosa, sana, tranquilla pero incontenible, que nos elevará de la mediocridad en la que vivimos, mirando hacia los pobres y desvalidos, para que no solo se sientan acogidos, sino para que sepan que con ellos y entre todos, vamos a superar el déficit de ciudadanía y la vergüenza de no estar a la altura de este tiempo.

Por ahora, esta columna queda suspendida. A partir de mañana me corresponde atender la línea editorial del periódico, que se le debe a todos los que vivimos en la palpitante región del viejo Bolívar. Creo tener claro que mi papel será el de acoger, interpretar y traducir en palabras el sentir de la región y las vicisitudes de esta plaza fuerte del Caribe.

Me comprometo a ser fiel a la digna tradición que me precede en la conducción del periódico de Cartagena de Indias, para que continúe siendo la luz sobre el faro del decoro, la decencia y el compromiso de tantas generaciones de periodistas, directivos, trabajadores y columnistas que por 70 años se han jugado el tintero para construir un mundo mejor para nosotros. ¡Hasta mañana!

*Abogado

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