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Columna

Justicia desarmada

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Themis, diosa griega que representa a la equidad y a la justicia, parece haber quedado desarmada ante el peyorativo sistema judicial colombiano.

Como si hubiera dejado caer la venda que reposa sobre sus ojos, la noción de objetividad con la que debe ser impuesta la justicia se diluye ante la presencia de uno u otro personaje cuya influencia política logra socavar la imprescindible imparcialidad de las sentencias.

Su espada parece haber perdido el filo. El que solía ser interpretado como un instrumento de decapitación, es ahora un arma de juguete para quienes ven en las arcas públicas una fuente de ingreso personal.

Poco útil será la balanza que Themis carga con su mano derecha si, al tratar de considerar los pros y los contras, el bien el mal, y lo justo y lo injusto de cada situación, se inclina para un lado o para el otro como si de una decisión aleatoria se tratara.

El país del realismo mágico es también el de las ironías. Con la “implacable” justicia colombiana se apunta ahora a tildar de honorable, distinguido o respetable a quien lidera procesos de corrupción. Aquí pareciera ser rentable tomar como propio el dinero de obras o de la alimentación escolar, o inflar los precios de los insumos que en los proyectos se utilizan.

El egoísmo personal supera con creces el bienestar colectivo. Tal vez la razón sea porque los incentivos están dispuestos para ello: arrebatar descaradamente el futuro de nuestros niños y niñas genera unos beneficios que superan los pocos costos que, en las condiciones actuales, impone la justicia. El castigo esperado luego de actos carentes de ética es nulo en muchos casos.

Justicia selectiva es lo que menos necesita un país con tan amplia desigualdad económica. La impunidad ante actos de corrupción que atenten contra la formación y el desarrollo de niños y jóvenes a lo largo y ancho del territorio soporta nuestra permanencia en el subdesarrollo. Además, un sistema parcializado y que otorga mayor poder a quienes ya lo tienen debilita aún más la poca confianza que los ciudadanos tienen sobre las instituciones colombianas.

Combatir la politiquería que tanto daño hace al país hace parte de nuestros quehaceres como ciudadanos. Para lograrlo, se requiere de una mayor conciencia en las urnas y más participación política. No obstante, no cabe duda de que devolver la venda a Themis, afilar su espada y calibrar su balanza, son tareas urgentes del sistema judicial. Sin esas armas no es posible combatir la injusticia —y, consecuentemente, la desigualdad— en Colombia.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

*Profesor, Escuela de Negocios y del IDEEAS, UTB.

“Justicia selectiva es lo que menos necesita un país con tan amplia desigualdad económica. La impunidad ante actos de (...)”.

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