La sucia estrategia para promover el odio en Internet

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Estados Unidos está en un momento importantísimo de la historia frente a la regulación de la tecnología y sus grandes empresas. Es el momento de decidir qué tan metido debería estar un gobierno en el desarrollo de empresas tecnológicas y, más importante aún, qué tan involucrado debería estar un gobierno en los discursos que se manejan en las grandes plataformas digitales ¿Por qué debería importarnos? Por la sencilla razón de que gran parte del desarrollo tecnológico está en el país de las 50 estrellas en su bandera. La forma en que la tecnología se propaga a otros países y sus políticas están fuertemente influenciadas por la manera en que Estados Unidos dirige la FCC (Federal Communications Commission) y regula sus grandes empresas de tecnología. Para la muestra un botón: el polémico Proyecto de Modernización TIC de nuestra ministra Sylvia Constaín pretende convertir el MinTic en un modelo similar al de la FCC, con comisionados a bordo y todo.

Ahora bien, el asunto es que Estados Unidos está pasando por este momento, en el que están al mando personajes como Donald Trump, Ajit Pai, Ted Cruz, Josh Hawley, Marsha Blackburn, entre otros (por mencionar algunos republicanos influyentes). El hecho es que todos se han puesto de acuerdo para replicar sucias estrategias del éxito político que han visto en “la izquierda extremista”.

Debo admitir que a nivel político es una genialidad y la muestra está en que les ha funcionado tan bien que están a punto de desbancar la sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de Estados Unidos. Esta sección se creó para dar protección legal a quienes usan lo que se denominó como “servicios informáticos interactivos”. Si en estos servicios se publicaba contenido ofensivo de terceros, las empresas se verían obligadas a eliminar cierto material, como comentarios que promovieran la violencia. La ley establece también que un proveedor de un servicio informático interactivo no será tratado como editor de contenido de terceros. El senador demócrata Ron Wyden, que ayudó a escribir la Sección 230, la describió como un “escudo” tanto como una “espada”. Los republicanos quieren tumbarla para eximir a las corporaciones de la responsabilidad de moderar contenidos que promuevan el odio (lo cual sería como quitarle un peso de encima a plataformas como Facebook, Twitter y Youtube) y en el camino permitir la propagación de contenidos ilegales como la pornografía infantil y, por extensión, el tráfico de drogas.

Pero la estrategia no solo se queda en las leyes. También se trata de una guerra cultural en la que los “conservadores” están propagando contenidos de odio con más frecuencia con el objetivo de que las plataformas, que hoy se ven obligadas a moderar esta clase de discurso, los censuren. Censurarlos implica darles una razón más para “hacerse las víctimas” y proclamar que la censura está matando la libre expresión y en consecuencia atentando contra la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos.

Quiero finalizar aclarando que ningún argumento tanto de “la izquierda” como de “la derecha” debería utilizar la libre expresión y libertad de prensa como caballo de Troya para promover el odio. La parcialidad está en riesgo y el discurso político sigue emitiendo sus últimos estertores.

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