Los problemas que tendrá el 5G en Colombia

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En julio de 2013 fui invitado al ‘Huawei Road Show’ en Bogotá en calidad de periodista. Se trataba de una cumbre de la empresa china con miras a la implementación de la tecnología 4G, un sueño que parecía distante e improbable.

El ministro TIC de ese entonces, Diego Molano, subió al escenario después de una larga espera para recitar un regaño que provocó una risa nerviosa de la audiencia organizadora: “Yo pensé que me iban a mostrar los dispositivos compatibles con 4G”. Ese era el preludio de un agitado proceso que, si bien se cumplió con éxito, tuvo una gran cantidad de inconvenientes a nivel nacional, evidenciados en un 4G intermitente. Dificultades que, me temo, se repetirán con el 5G... especialmente en Cartagena.

Sin ser muy técnicos, podemos empezar por el hecho de que la quinta generación de Internet viajará en ondas de alta frecuencia. El detalle está en que, según la física, entre más alta la frecuencia de cualquier onda, menos el rango que puede alcanzar. Es una relación inversamente proporcional que explica la razón por la que el wifi de 5 GHz. no viaja tan lejos como el wifi de 2.4 GHz. y la misma razón por la que el microondas no cocina tu viejo plato de arroz fuera del contenedor giratorio.

La explicación anterior se traduce en que para tener una conexión estable de 5G deberás estar a menos de 40 metros de una antena (nodo de aquí en adelante) sin obstáculos y dentro del campo de visión de tus ojos. La señal 5G puede ser fácilmente bloqueada por árboles, edificios y cualquier obstáculo. El 5G tiene mucha dificultad para viajar en nuestro ambiente, incluso los expertos hablan de problemas hasta con la lluvia.

La solución para este inconveniente es ubicar una amplia cantidad de nodos con distancias muy cortas entre sí para que el dispositivo siempre esté bajo la cobertura de la red 5G desde muchos ángulos. Es una solución para la que empresas como Huawei y Nokia se están preparando debido a la gran cantidad de infraestructura que se debe desplegar para que el 5G funcione correctamente.

Esto es un gran inconveniente en un país como Colombia, donde las restricciones de despliegue son tan restrictivas que no tengo que recurrir a un estudio para saber que, si entro a mi cuarto o a ciertas zonas de la redacción, experimentaré una baja de conectividad que llega al absurdo del 3G. Ni hablar de las zonas remotas del país.

(Lee aquí: Tecnología 5G empezaría a desplegarse a partir de 2020)

Las restricciones varían a nivel regional y dependiendo de la ciudad son más duras o flexibles. En Cartagena, por ejemplo, la legislación es muy estricta por ser una ciudad turística que es patrimonio de la humanidad. Es una legislación muy vieja, de tiempos donde los nodos no eran mimetizables con el ambiente y alimentada, si me permiten la hipérbole, por la falsa creencia popular de que una antena acarreará una repentina epidemia de “cáncer radioeléctrico” que dejará una mortandad humana de proporciones similares o peores a la de los peces en El Laguito.

(Lee aquí: “Es más peligroso un secador de pelo que una antena” Mintic)

A todo esto, se suman los lentos procesos legislativos a los que debe someterse la subasta del espectro 5G cuando inicie su implementación con los operadores. Para la muestra un botón: llevamos 4 años intentando subastar el espectro de 700 MHz. y apenas en el Andicom de este año se realizó la audiencia pública para la socialización del borrador final. Esperemos que Duque cumpla con la promesa de realizar la subasta en este trimestre.

Sé que estas líneas suenan pesimistas, pero muy en el fondo tengo la esperanza de que el 5G funcione a la perfección y que esta columna se convierta en la pataleta de un periodista tecnológico asustado por perder partidas de ‘Hearthstone’ debido a la intermitencia de su limitado paquete de datos.

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