En Colombia, los incentivos fiscales han dominado tanto el discurso como las prácticas de atracción de inversión, lo que hace que el país caiga en una competencia global por mejores condiciones de tributación, que dan lugar al abuso de muchas multinacionales.
Sin embargo, la OCDE ha promovido la creación de un impuesto mínimo mundial, así como una política tributaria común de alcance global, que acaben con la competencia hacia la baja de los impuestos a las empresas multinacionales. Se trata de un proyecto anti-erosión de la base gravable y traslado de beneficios que busca evitar que las empresas reporten sus beneficios en regímenes en donde tienen una mínima presencia, con el objetivo de tributar en países o territorios que exigen poca o nula tributación.
Esta práctica de parte de las empresas multinacionales se desprende de la competencia que existe entre los países por ofrecer menores impuestos para atraer una mayor inversión extranjera directa (IED). Sin embargo, se aprovecha de los vacíos normativos y de la baja cooperación internacional para evadir impuestos. El resultado es, en algunos casos, una inversión extranjera de mala calidad, con presencia de la empresa con nula inversión en infraestructura o bajos encadenamientos productivos; y, en otros, con una operación de gran tamaño que extrae valor del mercado local sin un reflejo en la recaudación.
En la actualidad son 135 los firmantes de este acuerdo internacional de cooperación contra la evasión de impuestos. El compromiso es el de establecer un impuesto mínimo efectivo del 15% y adherirse a una política que consta de dos pilares: 1) trasladar los derechos de recaudación hacia los países en los que la empresa tiene el mayor número de consumidores; y 2) un sistema de reglas comunes dirigidas a mitigar la evasión, armonizar las normativas tributarias y crear un ambiente de transparencia. Con un promedio global de impuesto corporativo del 24%, el acuerdo permite competir a los países hasta el umbral determinado, establecer incentivos adicionales por generación de empleo y pagos de nómina, esquemas de manejo de la depreciación, y más.
En Colombia se apela a los incentivos fiscales para la atracción de la IED; sin embargo, no son solo las deducciones de impuestos, sino la competitividad de manera integral lo que incentiva la confianza de las empresas en economías emergentes como la nuestra. Con la adhesión a este acuerdo, Colombia se enfrenta a retos importantes para poder vincular la IED al empleo, el crecimiento de sectores productivos y, por supuesto, a la recaudación efectiva.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesor de la Escuela de Negocios, UTB.
