Columna


Turismo pospandemia

LUIS DIAZ

12 de marzo de 2021 12:00 AM

El turismo en Cartagena debe aprender una buena lección luego de la pandemia. Con la llegada de las vacunas y la creciente reactivación económica, este pujante sector local debe tener claro cómo retomar la fuerza que tenía hace un año y más. Una mayor oferta y una versión mejorada de las actividades son estrategias ineludibles en un escenario pospandemia.

Una parte del trabajo se ha hecho en varios sectores de playas donde, por cuenta de los protocolos de bioseguridad y requerimientos exigidos por la Alcaldía, hay algo de orden en los servicios ofrecidos. Las playas se ven ahora más organizadas, limpias y atractivas para residentes y turistas. Sería deseable que esta mayor organización no sea exclusiva de algunos pocos tramos, sino una norma generalizada y mantenida en el tiempo. También es preciso que el hostigamiento a los bañistas no sea parte de la rutina diaria. Algo podemos aprender de los modelos de venta existentes en otras playas del mundo, en los que prima el respeto y la civilidad.

No obstante, no solo se trata de mejorar la oferta actual. Aunque bares, restaurantes y demás agentes deben propender por adaptarse a las exigencias internacionales, también es cierto que la ciudad debe ampliar los planes y destinos disponibles para sus visitantes. Aquí las economías de base comunitaria juegan un papel relevante. Por ejemplo, recientemente en Barú -a escasos 30 minutos del casco urbano cartagenero- se descubrieron más de 30 casas y una iglesia con vestigios coloniales y republicanos. En esa isla también se encuentran hornos construidos durante la Colonia, que funcionaban con el propósito de preparar piezas utilizadas en las diversas fortificaciones de la ciudad. Las puertas isleñas se abren, entonces, ante la posibilidad de que las comunidades sean incluidas en un modelo sostenible de turismo.

El IPCC aún trabaja en la valoración de este vasto patrimonio histórico y arquitectónico. Entretanto, la isla no solo podrá ofrecer las cristalinas aguas y sus playas blancas, sino que sumará este patrimonio a la oferta de turismo cultural existente. Aquí toma lugar la importante necesidad de pensar un turismo con valor agregado; y se hace oportuno un proceso de formación de las comunidades involucradas.

Colombia fue aceptada recientemente en Traveller Made, una de las principales redes empresariales en turismo de lujo. Esta membresía abre la posibilidad de que a la ciudad lleguen viajeros pudientes que aprecien nuestro paisaje natural y cultural. A esta demanda potencial se debe responder con calidad en los servicios ofrecidos y en productos de consumo.

La reactivación turística pospandemia debe planificarse de forma calificada e incluyente. Con ello Cartagena puede elevarse entre destinos que le compiten alrededor del mundo.

*Profesor de la Escuela de Negocios, UTB.

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