Dos semanas después de una protesta de conductores que paralizó a Barranquilla y parte de su área metropolitana el 1 y el 2 de agosto, volvieron los atentados a bala contra el transporte público en el municipio de Soledad.
La Policía dijo que se trató de un hecho para minar la confianza ciudadana y no descartó que fuera un atraco. Asunto que los conductores negaron y, por el contrario, se lo atribuyeron al crimen organizado que los presiona desde hace semanas para el pago de extorsiones.
La extorsión es uno de los protagonistas en los disparados indicadores de criminalidad de Barranquilla y los cuatro municipios de su área metropolitana (Soledad, Malambo, Puerto Colombia y Galapa). Un informe reciente del Observatorio de Seguridad Ciudadana, de la Universidad del Norte, muestra que solo en Galapa ese delito no aumentó el semestre pasado.
Con 365 homicidios, Barranquilla cerró 2021 como el año más violento de los últimos cuatro. Y en lo que va de 2022 la violencia no merma, pues el primer semestre dejó un 10% más de asesinatos que el periodo enero-junio de 2021.
Hay cuatro áreas de Barranquilla que han concentrado la mayoría de los homicidios, los últimos siete años (2014-2021): el suroriente, el suroccidente, el corregimiento La Playa y Las Flores. Todos esos sectores tienen en común índices históricos de necesidades básicas insatisfechas e inversión distrital en infraestructura que intenta resarcir esa realidad, pero no aborda los problemas estructurales de violencia.
El Observatorio enciende varias alarmas por la presencia de grupos vinculados con actividades paramilitares o insurgencia criminal; bandas locales que prestan servicios a organizaciones de mayor poder y delincuencia común en Barranquilla Metropolitana.
Por eso, una de las recomendaciones del Observatorio es “consolidar una agenda metropolitana para construir una estrategia integral de seguridad, convivencia y justicia de alcance entrelazada”.
Y eso se explica porque las medidas que en seguridad adopten los gobiernos metropolitanos, Barranquilla las sentirá por su cercanía geográfica y su condición de polo económico del Atlántico. Especialmente le afecta lo que decida Soledad, en manos de Rodolfo Ucros, y Malambo, liderado por Rummenige Monsalve. Ambas administraciones, sin embargo, tienen una institucionalidad deficiente y están altamente politizadas.
Por lo pronto, esta nueva ola de violencia —que se enmarca en un fenómeno nacional, agudizado por el Covid-19— golpea al grupo político Char, en la alcaldía barranquillera desde 2008 y cuyo discurso se había caracterizado por negar la existencia del crimen organizado en esa capital.
La violencia, además, golpea la imagen de Barranquilla como buen vividero y destino atractivo para nacionales y extranjeros. Una marca a la que la Alcaldía y varias instituciones privadas apuestan con millonarios recursos en publicidad.
*Cofundadora de La Contratopedia Caribe.
