En medio de la discusión nacional entre partidarios y opositores a la negociación de paz con las Farc, que en algunos casos ha sobrepasado las frontera del sano debate de ideas para volverse intercambio de ofensas, el Secretariado de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cartagena abrió ayer con una caminata la Semana por la Paz, un espacio de reflexión que este año tiene el lema “Acompañando a las víctimas construimos un camino para la paz”.
El mensaje más valioso de esta iniciativa, que tiene como objetivo la promoción del compromiso conjunto de los distintos actores sociales en la búsqueda de la paz, es que trata de cimentar en la ciudadanía una cultura de tolerancia y convivencia en todos los aspectos de la vida diaria de los ciudadanos.
Es positivo y edificante el hecho de convocar a diferentes grupos poblacionales para ampliar el concepto de víctimas, sacándolo del limitado contexto del desplazamiento y del conflicto armado, para incluir a todos los que sufren la vulneración de sus derechos, como las mujeres maltratadas, los niños explotados sexual o laboralmente y las minorías discriminadas.
La ironía de nuestro país, además de la agresiva e intolerante discusión alrededor de la paz negociada, es que en muchos aspectos de la vida diaria, se ejerce la intolerancia, el odio, la discriminación, en actitudes aparentemente inofensivas, pero que van construyendo una sociedad de parcelas irreconciliables.
Los grupos políticos, religiosos, cívicos y gremiales están edificando una cultura de beneficio propio a costa del perjuicio de los demás, una cultura sectaria y excluyente que se reproduce en toda la sociedad haciendo cada vez más difícil el encuentro ciudadano, base ineludible de la paz.
Los epítetos con que miembros de congregaciones religiosas se refieren a quienes no hacen parte de ellas, en contravía al mensaje cristiano; las ofensas que uno sectores políticos lanzan contra otros sin respeto ni ética; las agresiones entre barras de hinchas de equipos de fútbol; las peleas entre vecinos para dirimir quién posee más bienes o tiene más privilegios; la exclusión por motivo de raza o condición social, son algunas de las acciones que a diario van sumándose al clima de confrontación y de competencia intolerante para construir una idiosincrasia agresiva, violenta, insolidaria, vengativa y bélica, que sirve como cimiento al conflicto armado que ha desangrado a nuestro país.
Además de participar con entusiasmo y convencimiento en estas actividades de la Semana por la Paz, los ciudadanos debemos tomar decisiones en nuestra vida que ayuden a implantar una verdadera cultura de paz.
Decisiones como retirarnos de movimientos políticos que estimulen la intolerancia y la agresión; no pertenecer a iglesias que pregonen que son la verdadera y que hablen mal de la gente que no hace parte de ellas; denunciar a los líderes cívicos que estimulen la confrontación en los barrios e indispongan a los vecinos; o no estimular la discriminación contra las minorías.
Son acciones sencillas y que no exigen esfuerzos o sacrificios grandes, pero que tienen resultados contundentes en la construcción de una sociedad basada en la paz.