El Gobierno acaba de negociar un subsidio con los caficultores del país de 145 mil pesos por la carga de 125 kilos que ayer equivalía a un total de 665 mil pesos, que puede variar según el precio base, aunque se estableció un techo de 700 mil pesos.Nadie en el país puede dudar de que los caficultores son unas personas trabajadoras, meritorias, que durante años han ayudado a la economía de Colombia y que además hay cafeteros hasta en el Caribe, en la Sierra Nevada de Santa Marta. El café es un producto nacional.
También es cierto que cualquiera que visite el Eje Cafetero notará que todas las vías están pavimentadas y que hasta las veredas tienen energía eléctrica, un gran contraste con otras zonas del país. Antes de la telefonía celular, ya la había fija en estos lugares. En ese sentido, las áreas cafeteras son privilegiadas, ricas, comparadas con las regiones deprimidas de la periferia, como es el caso de la Costa Caribe, con malos servicios y peores vías.
Colombia, sin embargo, no es solo café, sino que tiene cacao, maíz, yuca, sorgo, ajonjolí, algodón y muchos otros productos, incluidos el de la palma de aceite, las verduras y las flores.
Los cafeteros negociaron mediante las vías de hecho y pronto quedó muy claro que la Federación, su gremio tradicional y antes monolítico, está resquebrajada y ya no habla sino por un sector de la caficultura. La atomización hizo más difícil la negociación.
Lo sucedido con los cafeteros hace prever que ahora cualquier gremio que quiera protestar y recibir auxilios del Gobierno solo tiene que bloquear las carreteras, quemar llantas, enfrentarse al Esmad e incurrir en comportamientos ilegales para ser atendido por el Estado.
Cualquiera de los antes mencionados podría ser el próximo en acudir a la fórmula anotada arriba, que los cafeteros acaban de confirmar como efectiva, incluidos los ganaderos, que vienen quejándose cada vez más por los efectos de los tratados de libre comercio (TLC) sobre la actividad agropecuaria.
El buen funcionamiento de los TLC para el país presupone una modernización de las distintas actividades económicas para que sean competitivas, especialmente versus actividades protegidas en otras naciones, bien sea por subsidios directos, como sucede con el agro norteamericano y el europeo, o por barreras más sutiles, como las fitosanitarias, que siempre encontrarán nuestros productos de una calidad que no califica para entrar a sus países, especialmente carne y algunas especies vegetales, aunque en teoría su entrada sea permitida.
El Gobierno tiene que estudiar muy bien qué hará ahora para evitar una repetición de paros como el de los cafeteros, y la única manera de hacerlo es anticiparse a las crisis que se ven venir en los distintos sectores que tienen quejas legítimas, o en aquellos que se podrían aprovechar de la fórmula para mejorar su situación sin importarles el daño que le hagan al país.