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Editorial

Un abrazo a Barranquilla

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Como vecinos entrañables que comparten espacio en esta vasta región mágica que es el Caribe colombiano, vivimos con entusiasmo los 200 años que Barranquilla cumplió ayer de haber sido erigida en Villa.
Desde comienzos del siglo XX, cuando la decadencia de Cartagena alcanzaba niveles profundos, Barranquilla comenzaba a surgir como una ciudad moderna y se desarrollaba durante los siguientes 50 años, con aeropuerto internacional y crecimiento industrial acelerado. La sólida unión de su clase dirigente para defender sus aspiraciones ante el centralismo gubernamental mantuvo a Barranquilla en esa senda progresista.
En la segunda mitad del siglo XX, el progreso de Barranquilla se estancó. Casi todos coinciden en que una de las causas fue el saqueo sistemático de los dineros del Estado por los políticos corruptos que se enquistaron en la administración pública.
Una situación que por desgracia comparte Cartagena y que ha impedido que ambas ciudades fueran hoy modelos de desarrollo, inclusión y prosperidad.
Al igual que Cartagena, “Barranquilla sabe cantar y sobre el yunque martillar”, como dice una estrofa del himno de la ciudad vecina, pero tal laboriosidad de su gente se detuvo por obra de la cultura clientelista, burocrática e ineficiente que los politiqueros sembraron en el modelo de gobierno impuesto.
Los analistas también están de acuerdo en que Barranquilla ha vuelto a recuperar su dinámica, porque al empuje de sus dirigentes y a la tenacidad de sus empresarios, se les sumó el propósito de líderes políticos serios y honestos, de implantar en la administración de la ciudad los criterios de eficiencia y efectividad en el gasto público, transparencia en la gestión, e inclusión de la comunidad en la planificación y control de la acción gubernamental.
Los resultados son visibles luego de dos administraciones sucesivas, que han mantenido continuidad en las políticas y en el impulso de las obras básicas, y el mismo énfasis en salud, educación y superación de la pobreza.
Dos ejemplos de ello son la transformación del sistema de salud, de uno de los peores de Colombia en uno que creció enormemente en cobertura y calidad; y la revolución educativa, construyendo más colegios públicos, mejorando la calidad de los profesores, imponiendo el bilingüismo, que se tradujo en el mejoramiento dramático de los resultados de sus alumnos en las pruebas de Estado.
También tiene problemas, naturalmente, y son muchos: corrupción, dificultades de movilidad. pandillismo, acción de las bandas criminales que pugnan por controlar el narcotráfico, extorsiones a tenderos y empresarios, entre otros, que por cierto tenemos aquí y que deberíamos solucionar unidos.
Por eso, aprovechando la ocasión del Bicentenario, es oportuno reiterar nuestra invitación a los barranquilleros, y a todos los habitantes de los demás pueblos y regiones de la Costa Caribe, a trabajar de la mano para obtener los beneficios de la transformación del comercio exterior, potencializando nuestras fortalezas en lugar de competir absurdamente.
Para Barranquilla no habrá verdadero desarrollo sostenible, si Cartagena, Santa Marta, Montería, Sincelejo, Valledupar, Riohacha y el resto del Caribe no logran alcanzarlo simultáneamente.

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