Cartagena tiende a hacer sus obras de beneficio público a los trompicones. Pocas fluyen correctamente entre nosotros, ni siquiera las que son de primera necesidad, como el suministro suficiente de agua potable. Hace ya muchos meses, incluso años, Acuacar le viene sonando las alarmas al Distrito por su incapacidad para atender el crecimiento de los barrios y la expansión industrial. Y los constructores y empresarios que querrían localizar aquí sus empresas también avisan frecuentemente de que no hay agua para crecer.
Precisamente ahora, cuando más se necesita un suministro de agua potable y cruda confiable y amplio para generar empleos formales de calidad mediante nuevas empresas exportadoras en nuestro litoral, estimuladas por el comercio exterior mundial y los TLC firmados por Colombia, no tenemos el agua lista para entregar por nuestra imprevisión casi incurable, por hacer todo a última hora y corriendo.
Acuacar necesita otra planta de suministro que debe estar sobre un alto suficiente para distribuir el agua por gravedad. Descartó varias localizaciones iniciales por ser inconvenientes porque los terrenos eran inestables o porque estaban en municipios vecinos que nos podrían imponer sus reglas de juego, o las de sus manejadores y cuasi propietarios, cuya satrapía podría ser peor.
Según Acuacar, el lote en Pasacaballos es el único adecuado dentro de la jurisdicción del Distrito para construir la planta de tratamiento y distribución de agua para los próximos 25 años. Tiene la ventaja de que ya le pasa enfrente un tubo de agua cruda del acueducto, que facilitaría su operación y la haría más económica.
El lote ha recibido varias críticas técnicas en el Concejo, la mayoría desvirtuadas por el equipo de Acuacar. Según nos dijo una fuente, el problema no es que el Concejo dude de la necesidad de expandir la capacidad de Acuacar, sino de la legalidad de aprobar la compra de una propiedad cuyo avalúo catastral no ha sido actualizado y aparece por un precio irrisorio.
Aunque nadie discute que el precio de mercado del lote se puede determinar mediante peritazgos respetables, los concejales temen meterse en un embrollo legal al aprobar una compra astronómicamente por encima de su avalúo catastral, aun si este último es obviamente ridículo y de la entera responsabilidad de sus propietarios.
Si es cierto que ese es el único lote que le sirve a Acuacar porque reúne todos los requisitos técnicos y de gobernabilidad –y nosotros le creemos- no hay opción distinta que hacerse a esa propiedad, comprada o expropiada. Y para hacerlo sin problemas, la ciudad debe unirse en torno a una solución inmediata, discutida con transparencia ante las autoridades pertinentes y pensando solo en el beneficio común.
Una cosa es segura: la ciudad no se puede quedar sin agua ni perder su competitividad ya maltrecha.