Cartagena es una ciudad que puede llegar a convertirse en un verdadero paraíso porque tiene una mayoría de gente buena, historia, paisajes marinos inigualables y encantadores atractivos, pero sus problemas han ido acrecentando su gravedad, de manera que al nuevo alcalde le esperan unos retos enormes, para los próximos años que requieren una gran visión y un ánimo dispuesto a la entrega total, que puede resultar exitoso y cambiar para bien la manera como encaramos el progreso, o puede resultar mal y llevarnos al despeñadero. De la participación de todos depende cómo creceremos para transformarnos en la ciudad amable y pujante con la que soñamos y está en nuestras manos comportarnos para que la vida sea más fácil, porque si a la ciudad le va bien, todos recibiremos los beneficios de ello.
El primer gran reto que enfrentará el nuevo alcalde es la inseguridad, que hace inaccesibles ciertos lugares para los ciudadanos, y convierte la cotidianidad en una lucha feroz para defenderse. Es preciso que nuestras calles sean seguras y que podamos transitar sin sentir temor alguno por ellas. Debemos desterrar la muerte de nuestros barrios, recuperar la convivencia y solidarizarnos con los demás, en lugar de agredirlos. Esto no es responsabilidad exclusiva de las autoridades, sino de toda la comunidad, actuando solidaria y decididamente en proteger una vida diaria serena y calmada. Del mandatario local depende convocar a la ciudadanía y ponerla a trabajar unida a este propósito. Hay que erradicar la delincuencia y el crimen de nuestras esquinas y combatir con energía el tráfico de drogas, haciendo nuestra ciudad el lugar dónde nuestros niños puedan crecer tranquilos y desarrollar todas sus posibilidades.
También la movilidad es un grave problema local, que se solucionará en parte con Transcaribe. Ya el sistema está en marcha, y no es conveniente echarlo atrás, como pretenden algunos. Una vez más, aquí es necesaria la colaboración de la gente, protegiendo y defendiendo el SITM, cambiando sus costumbres para no ser una multitud caótica y agresiva en las estaciones, y si se es conductor particular, respetando a los demás, acatando las normas de tránsito y cediendo el paso en lugar de querer pasar a la fuerza contribuyendo al desorden y el peligro en las vías.
La educación y la salud deben ser dos preocupaciones prioritarias del nuevo mandatario de los cartageneros, de manera que todos tengan acceso a ellas sin inconvenientes. Es necesario que nuestros muchachos ocupen los primeros lugares en las pruebas y concursos académicos y que obtengan una preparación apta para estar acordes con los nuevos desafíos internacionales. Es preciso, además, que nadie se muera por no ser atendido en los centros de salud y todos sean tratados con consideración y respeto.
Acompañaremos al nuevo alcalde en los retos que enfrenta, criticando cuando hay que criticas a respaldándolo cuando haya que hacerlo, con la mira siempre puesta en el la buena marcha de la ciudad y el bienestar de sus habitantes.