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Editorial

La paz total en crisis

“Pero es que después de esa expresión de crisis se han producido pronunciamientos que ameritan un replanteamiento profundo del proceso en curso y del papel que están...”.

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La pifia cometida por el presidente Petro el pasado 31 de diciembre, al anunciar por Twitter que se había acordado un cese bilateral al fuego con el Eln y cuatro grupos delincuenciales a partir del 1 de enero, por seis meses, sin que tal acuerdo hubiera acaecido con ese grupo guerrillero, tal como se informó por sus voceros a la opinión pública, ha resultado más revelador de datos sensibles sobre la “paz total” de lo que inicialmente se percibió.

El país espera que el presidente extraiga lecciones provechosas de este bochornoso incidente. Por ejemplo, controlarse la tentación de gobernar vía Twitter, pues está probado, desde Trump, que los mandatarios que lo hacen, crean falsas expectativas, o se equivocan reiteradamente, o quedan como mentirosos.

Pero más importante aún es que el presidente comprenda que el mundo ni Colombia van a cambiar milagrosamente por el hecho de que el país haya girado al socialismo, o que la paz total se logrará por el hecho de que él es el nuevo presidente de Colombia. De hecho, en aquella entrevista con Semana, en la que siendo candidato afirmó que “... a los 3 meses de ser presidente, se acaba el Eln en Colombia porque hace la paz”, se ve en su rostro ese convencimiento. Pero los hechos son tozudos y la realidad lo confronta con la penosa circunstancia de que no se gobierna con intenciones.

Cuando se gobierna, nada sucede por generación espontánea. Gobernar o, mejor, gobernar bien, es hacer que las cosas pasen, lo cual requiere oficiarse a fondo, en compañía de los mejores, para lograr prudentemente el cumplimiento solo de aquellas promesas que sean provechosas para el bien común y que sean posibles.

El Eln ha expresado esta semana que el proceso de negociación con el Gobierno está en crisis. Por supuesto, llegar a la paz con ese grupo tomará mucho más de tres meses, si es que se logra.

Pero es que después de esa expresión de crisis se han producido varios pronunciamientos que ameritan un replanteamiento profundo del proceso en curso y del papel que están jugando los negociadores.

Baste mencionar el más delicado, pues proviene de una vertiente importante de un actor clave en los diálogos, como es la Iglesia Católica, conforme se lee en el duro y directo editorial del periódico más antiguo del país, El Catolicismo, titulado ‘Paz fácil no hay’, del cual se desprende que el Gobierno podría estar padeciendo o de ingenuidad, o de suplir la realidad con la retórica, o de falta de estrategia, o del ocultamiento de propósitos no confesables.

Si una porción representativa de quienes acompañan al Gobierno en la negociación tienen en la mente esas prevenciones y, además, se atreven a comentarlas públicamente, es porque el asunto en verdad sí es crítico, con lo cual se requiere urgentemente que el presidente dé claridad sobre el proyecto de la “paz total”, pues da para pensar que se pudiera estar fraguando un desastre.

“Pero es que después de esa expresión de crisis se han producido pronunciamientos que ameritan un replanteamiento profundo del proceso en curso y del papel que están...”.

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