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Editorial

El turismo religioso

“El turismo religioso es uno de los factores que más beneficios le irriga a la economía de las ciudades que cuentan con edificaciones monumentales construidas para la adoración...”.

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Es atinada la decisión de insertar a Cartagena dentro de la ruta de ciudades reconocidas como destinos turístico religiosos, intención ratificada en el acto de lanzamiento oficial de la agenda de Semana Santa este miércoles en la Plaza Santo Domingo del Centro Histórico, bajo el nombre de ‘Vive tu fe en Cartagena’, que correrá del 23 al 31 de marzo. Según Liliana Rodríguez, presidenta de Corpoturismo, se proyecta que en esta temporada lleguen a la ciudad más de 147 mil visitantes, de los cuales 91.423 arribarán por vía aérea (70.640 en vuelos nacionales y 20.783 en vuelos internacionales); 39.500 por vía terrestre y 16.804 en cruceros. Los hoteleros, por su parte, esperan una ocupación no menor del 70%. ¡Pero puede ser mucho más!

A nivel global, el turismo religioso es uno de los factores que más beneficios le irriga a la economía de las ciudades que cuentan con edificaciones monumentales construidas para la adoración de los creyentes; pero desde hace lustros dejó de ser solo del interés de estos.

En efecto, buena parte de los viajeros que se desplazan hacia destinos que cuentan con catedrales, mezquitas, sinagogas, monasterios, santuarios y demás edificaciones de origen religioso no practican ninguna fe o practican creencias que no se relacionan con las que se ofician en las obras monumentales que cautivan su interés.

Es claro que gran porcentaje de esas rutas son recorridas por practicantes cuyas motivaciones radican en el deseo de cumplir con metas o propósitos espirituales, para lo cual se organizan peregrinaciones con programas diseñados por agencias especializadas, o por personas que, además de esos fines, combinan con la visita para actividades no religiosas, tales como las culturales, de esparcimiento o de descanso. Pero las corrientes enormes de viajantes que se movilizan por reconocidos destinos a nivel global están conformadas por millones de personas que se identifican como turistas seculares que desean conocer los lugares sagrados sin ningún interés religioso.

Es fácil comprender entonces la movilización anual de turistas que invierten o gastan decenas de millones de dólares que se irrigan en las economías locales por el interés de disfrutar, creyentes o no, de los sitios con edificaciones vinculadas a las diversas religiones, lo que supone un mar de oportunidades para quienes viven formal e informalmente del turismo. Aunque, que sepamos, en el país no existen estudios importantes sobre el potencial económico que este turismo tiene, desconocer el impacto que causa en otros lares sería un despropósito.

En España, por ejemplo, este turismo aporta más de 22 mil millones de euros, y los bienes de interés cultural y las fiestas religiosas representan más del 3% del PIB.

Por manera que es tiempo de diseñar una estrategia que inserte a la ciudad dentro de las rutas de los afamados destinos de turismo religioso.

“El turismo religioso es uno de los factores que más beneficios le irriga a la economía de las ciudades que cuentan con edificaciones monumentales construidas para la adoración...”.

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