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Editorial

La salud de los maestros

“Se entiende la angustia que muchos padecen al pensar en la debacle que puede venir si se improvisa el cambio de sistema, tal como lo propone el proyecto de reforma a la salud, que se refiere al resto de los colombianos”.

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Lo que está pasando con la salud del magisterio no debió ocurrir. Es el peor escenario de lo que podía esperarse del nuevo modelo que el Ministerio de Salud venía promoviendo a rabiar, a manera de muestra de lo que sería el Sistema si se aprueba el proyecto de reforma que cursa en el Congreso.

Que el ministro Guillermo Alfonso Jaramillo haya responsabilizado al presidente de Fiduprevisora de los problemas en la atención que padecen los maestros y sus familias, a pesar de que estaba al tanto de la problemática de dicho sistema, incluso ordenando a aquel tomar acciones concretas para corregir los errores, merece una completa explicación de ambos funcionarios.

Desde que arrancó el nuevo modelo de salud de los maestros, el pasado 1 de mayo, la falta de continuidad en tratamientos en curso, la no entrega de medicamentos, las dificultades para las citas médicas, entre otros defectos, tienen exasperados a docentes y sus parientes.

El caos en el Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio (Fomag) es inaudito, y es seguro que habría suscitado más conmoción entre los destinatarios de los problemas que se están viendo en el nuevo sistema diseñado por el Gobierno, si Fecode no hubiera apoyado a la fórmula Petro - Márquez.

Puede inferirse la incomodidad de los dirigentes sindicales del magisterio con todo lo que está pasando, pues han jugado un papel determinante tanto en la pasada campaña electoral como en la organización de las marchas en favor del Gobierno y en las expresiones de apoyo a las reformas por éste propuestas.

Lo que está pasando, a no dudarlo, muestra una inadmisible improvisación y del papel que una entidad no experta en la materia ni mucho menos en crear redes de servicios de salud, como Fiduprevisora, puede jugar en un escenario de cambio de modelo, sin contar con organismos expertos en un asunto tan complejo como es la atención en salud a gran escala.

Puede entenderse, con razón, la angustia que muchos colombianos padecen al pensar en la debacle que puede venir si se improvisa en el cambio de sistema, tal como lo propone el proyecto de reforma a la salud, que se refiere ya no a un determinado grupo, como el de los maestros, sino al resto de los colombianos.

Se valora la gallarda sinceridad del ministro Jaramillo y del presidente de Fiduprevisora al presentar excusas ante el Congreso en el debate de control político este lunes, en el que aceptaron que el modelo no está funcionando, y que no es lo que el presidente y el Gobierno tenían planteado. Pero no es suficiente.

Lo que está en juego frente al sistema público de salud para la totalidad de la población colombiana es demasiado delicado, como para ponerlo en riesgo por la terquedad de que se apruebe una reforma que sigue recibiendo sustentadas críticas de sectores expertos en esta materia; pero si la reforma continúa su marcha, que al menos aprendan lecciones de esta mala experiencia, para que no se repita.

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