¿Era necesario llegar hasta el punto de la tirantez de las relaciones entre dos mandatarios de naciones amigas para dar un paso elemental, como era el de buscar un diálogo directo entre el presidente colombiano y el del viejo aliado, Estados Unidos?
El presidente Petro prefirió tomar el camino de la confrontación con quien percibió como un contrario ideológico sin considerar que se trataba el líder de la primera potencia mundial y persona impredecible, con poder de daño cierto sin que fuese necesario, considerando la vieja relación de cooperación entre las dos naciones y la antaña correspondencia estratégica entre el Gobierno colombiano y los dos partidos que definen las realidades políticas de EE. UU., Demócrata y Republicano, con los que acertadamente distintos mandatarios de nuestro país habían mantenido un diálogo permanente y eficaz, que rompió Gustavo Petro una vez llegó a la Casa Blanca el presidente Trump, concordando con una caída rotunda en la habilidad diplomática del país en la Cancillería.
Cae muy bien, en consecuencia, la conversación telefónica que sostuvieron este miércoles, por primera vez, los dos mandatarios en medio de la escalada verbal entre ambos, que se agravó el sábado pasado tras la captura de Nicolás Maduro.
Aunque podría pensarse que la motivación de buscar esa llamada por parte del mandatario colombiano, rompiendo la inercia en la que se mantenía con sus constantes peroratas contra su homólogo, podía devenir de las amenazas de este después de la referida captura de Maduro en territorio venezolano, cabe pensar que hay más razones para haberse decidido a dar ese giro en su conducta pendenciera frente al desmesurado Trump, tomando la iniciativa del primer contacto telefónico.
Basta con mencionar lo que el presidente Petro explicó este miércoles en su discurso de la Plaza de Bolívar, en la concentración en “en defensa de la soberanía: “… hoy traía un discurso y tengo que dar otro. Eso no es fácil. El primer discurso era bastante duro…”, en clara alusión a la conversación con Donald Trump.
Como esa llamada estaba tramitada desde hace meses, que Trump haya esperado hasta concretar la captura de Maduro para recibirla muestra claramente que la activación de la relación con Petro estaba más que calculada por Washington, expertos como son en no dar puntada sin dedal.
La línea que ha escogido la Casa Blanca es la de reclamar para el imperio del Norte la primacía sobre el futuro de las relaciones con América Latina. Venezuela, por la mediocridad y malignidad de sus tiranos, les ha abierto el paso para que esta reedición de la doctrina Monroe se concrete. En similar sentido, el abuso del presidente Petro en su dialéctica desenfrenada, tanto por X como la verbal, incluida la espetada en las calles de Nueva York.
Hay que analizar con cuidado cómo influirá este nuevo periodo de galanteo en el debate electoral que se avecina.